Febrero 8, 2012.
En Arantxa, ¡Vamos!: Historia de una lucha, una vida y una mujer, la deportista hace público el rencor que siente en contra de sus padres, a quienes acusa de haberse apropiado indebidamente de sus ganancias y de haber hecho de su vida deportiva un infierno personal.
Según cuenta la ex-tenista en un fragmento del libro, sus padres tutelaron con mano de hierro su trayectoria deportiva y su vida personal.
"Mi madre decidía sobre mi pelo, mi ropa. Cuando me compraba algo raramente le gustaba. Mi padre me otorgaba mensualmente una cantidad de mis ganancias de la que tenía que dar cuenta puntual", explica la que fuera número 1 del tenis femenino.

Sus memorias dejan también constancia de los duros inicios que experimentó la deportista, que desde los 14 años se vio sometida a una estricta rutina de entrenamientos y a unos progenitores que no permitían que sus relaciones sociales se interpusieran en una vida consagrada a triunfar.
Y aunque Arantxa admite que el tenis sigue siendo su gran pasión, su retirada del circuito profesional en el año 2002 supuso para ella toda una liberación del yugo de sus padres.
"Me retiré para conquistar mi libertad. Mis padres pensaban que seguía siendo la misma niña de 14 años que un día precisaba de su tutela. No asumían que me encontraba en otro momento de mi vida y, sobre todo, que me sentía capacitada para tomar mis propias decisiones", manifiesta.

Pero el rencor expresado por Arantxa no solamente se dirige a sus padres, sino que también dedica duras palabras de decepción a su hermano Emilio, quien para la tenista pasó de ser su principal confidente a la persona que la abandonó.
"Él era la persona en la que tenía depositada mi máxima confianza y mis planes de futuro. Creí que él me podía entender, ya que él tomó la decisión que yo no supe tomar a tiempo: separar a mi padre de sus asuntos financieros", explica.
Y es que son precisamente las disputas económicas las que terminaron por alejar definitivamente a la actual capitana de la Copa Federación de su familia. Arantxa culpa a sus padres de haberse enriquecido a su costa y de haberla desprovisto de ganancias propias que podrían alcanzar los 45 millones de euros.
Parece que ni el apoyo de su marido, Josep Santacana, quien respalda a la tenista en cada una de sus acusaciones, ha frenado la ira de la deportista.

Frente a esto, surgió la voz de la parte contraria y Marisa Vicario emitió un comunicado en el que se mostraba dolida por la humillación a la que su propia hija les estaba sometiendo.
"Lo dejamos todo por ella. Vivimos 20 años por y para ella. Nada puede doler más que una hija nos acuse de todos sus males. Nos hunde ver la cantidad de mentiras que cuenta y el estado real en que se encuentra nuestra hija", afirmó.

