Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto

La actriz y el gobernador del Estado de México nos reciben y posan juntos para nuestra cámara.

Por: Lucía Alarcón Zamacona Fotos: Adolfo Pérez
2010-09-28
Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto
En exclusiva para CARAS
Adolfo Pérez


Al igual que varios medios, habíamos buscado entrevista con Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto para que nos hablaran de su vida privada. Después de más de un año, por fin accedieron a nuestra petición y nos recibieron en su casa.

Como figuras públicas, mucho se ha dicho acerca de su romance de dos años. Comentarios desde que es estrategia de mercadotecnia para hacer una precampaña presidencial para 2012, que la relación es un montaje, que obligan a sus hijos a aparentar que se quieren y que todo es idea de Televisa, son algunos de los argumentos sin fundamento que han circulado en los medios de comunicación en relación con su romance. Pero nosotros tuvimos la oportunidad de hablar con ellos para que nos contaran de su vida privada; además, nos dieron permiso de platicar también con sus seis hijos: las tres niñas de Angélica: Sofía, Fernanda y Regina; y con los tres hijos del gobernador: Paulina, Alejandro y Nicole.

Tomamos las fotos en casa de Angélica, donde desde enero de este año vive con los seis niños. Fuimos testigos durante un día completo del ambiente que se vive entre ellos, y lejos de existir tensión, las fotos y las entrevistas fluyeron de manera natural y divertida. La entrevista con Angélica fue interrumpida varias veces, unas porque Regina estaba de traviesa y no se estaba quieta para posar en la foto; otras, porque Pau quería que la entrevistáramos primero para que se pudiera ir con sus amigos, o porque algo necesitaban los niños. Al gobernador lo entrevistamos al final, mientras se tomaba ya tranquilo, una taza de café después de todo el ajetreo. Cuando entrevistamos a los niños, algunos pedían que no escucharan sus hermanos mientras contestaban las preguntas; a otros, no les importaba que se integraran los demás y aportaran. Se reían, se molestaban, o se explayaban contestando y hasta pedían que les hiciéramos más preguntas. Nos abrieron su corazón, nos dijeron lo que sentían y opinaban de la boda y de la relación que llevan entre todos. Angélica estuvo presente cuando los hijos de ambos nos platicaban; de hecho, nos ayudó a entrevistarlos para que se sintieran más en confianza.

Los seis pequeños durante la sesión de fotos

Aunque es tímido y reservado, el día de nuestra sesión, Ale, como le dicen de cariño a Alejandro, de 12 años, estuvo integrado, andaba en su patineta y molestaba un poco a sus hermanas durante las entrevistas. Regina, de cuatro años, fue la primera que se acercó a nosotros, traía a un cachorro chihuahueño dentro de una jaulita, ?se llama Algodón?, nos dijo y nos contó que se lo acababan de comprar en +kota. La más pequeña de la familia nos cautivó con su personalidad extrovertida, ocurrente, coqueta y traviesa. No soltó su bolsita morada de lentejuelas y se aplicaba gloss constantemente frente a un espejo. Incluso, se coló en una de las tomas que hacíamos de Angélica y Enrique. Nicole también disfrutó de la sesión, le encantaron las fotos que le tomamos brincando del columpio y fue quien más se explayó en su entrevista. Pau y Sofi pedían que les tomáramos fotos juntas o con los perritos. Preguntaban al coordinador de moda qué outfit se les veía mejor, o qué cambio preferíamos. Fer, en cambio, estuvo más callada, se sentía muy mal por gripa, pero a pesar de ello estuvo presente hasta el final.

Los seis niños platicaban, se abrazaban, se reían, se sentaban en las piernas de Angélica y le pedían permisos como a cualquier mamá: desde si se podían quedar con unos zapatos que les llevamos para la sesión, hasta si los dejaba invitar a alguna amiga o salir; se quejaban de cosas escolares, de la tarea y temas parecidos.

El gobernador llegó a comer, y aunque nos empezamos a instalar desde la mañana con las luces y los cambios de ropa, la sesión empezó a las 4:30 de la tarde. Enrique estaba con su gente, recibiendo llamadas, haciendo enlaces telefónicos, revisando asuntos de su estado y trabajando entre toma y toma. Atendía a su familia, les mandaba besos, les decía que los ama, opinaba de la ropa que se ponían sus hijas, y aunque con el tiempo más justo, se adaptó a nuestra sesión.

Las primeras fotos que tomamos fueron a Angélica, se veía muy guapa y feliz. También estuvo al pendiente de los niños y de su futuro esposo. A ambos les brillan los ojos cuando se miran y no pueden evitar manifestar el amor que se tienen. Son cariñosos, se dicen lo mucho que se aman y es evidente que están felices de casarse. Al final, accedieron a prestarnos algunas fotos personales, familiares, con la única condición de que se las regresáramos, porque les gustaban mucho.

Ambos nos acompañaron a la puerta para despedirnos, y el gobernador hasta a la calle salió para asegurarse de que nos subiéramos con bien al coche. Si había alguna duda de que este romance es un montaje, nos consta que no hay tal. Esta familia es real y auténtica. A continuación, el lado íntimo de esta pareja y su familia?

ANGÉLICA RIVERA

¿Qué te enamoró de Enrique?

Su sencillez. Normalmente, tienes la imagen del político serio, rígido, pero él es un hombre totalmente sencillo. Es un ser humano maravilloso, un hombre que tiene muchos valores de familia, de educación. También me enamoró la manera tan natural que tiene para todo: para hablar, darte consejos y platicar; la familia es primordial para él. Es un hombre muy trabajador, pero que a la vez puede darse su tiempo para estar con la familia; es muy dedicado a sus hijos. Me encontré con un hombre sencillo, amable, extremadamente caballeroso. Creo que en esta época ya no existen hombres así, y a pesar de que lo estaba conociendo, se paraba cuando yo me paraba al baño, todavía me hace la silla a un lado, me abre la puerta del coche; me sorprendió mucho su  manera de ser, es muy detallista, si tienes frío te tapa. Pero no nada más es así conmigo, sino también con todas las mujeres en general. Es muy caballeroso, educado; está muy preocupado por lo que piensan y sienten las mujeres. Vi, primero, cómo trataba a sus hermanas y a su mamá; también, cómo era atento con su familia, con sus hijas, el lugar que le daba a cada una de ellas. La verdad, me encantó que fuera un hombre tan cálido, tan sencillo.

Cuéntanos del día que te dio el anillo en Roma...

Ay, es lo más bonito, lo más hermoso. El 16 de diciembre de 2009 fuimos al Vaticano, me presentó como su novia y le dijo al Papa que nos íbamos a casar; él nos dio la bendición. Fue algo muy bonito, yo estaba demasiado nerviosa; después, fuimos a rezar, y cuando estábamos dando gracias por la familia que tenemos, por su trabajo, por todas las cosas que Dios nos ha dado, me tomó de la mano de repente y me dijo que estaba muy contento de que estuviera a su lado. Yo le respondí que también me sentía muy orgullosa de tener al hombre que pedí a Dios. Cuando daba gracias por estar en el Vaticano, en la casa de Dios, por habernos dado la oportunidad de estar juntos, sacó el anillo de su bolsa y me dijo que me amaba mucho. Contesté que yo a él también, me puso el anillo y me preguntó: "¿Te quieres casar conmigo?" (Angélica sonríe y le brillan los ojos al recordar ese momento). Imagínate que estábamos en un lugar donde la gente rezaba y donde yo no podía gritar; no debía abrazarlo mucho. Claro que me puse a llorar de felicidad y le dije que sí, que claro que me quería casar con él, formar una familia y estar a su lado el tiempo que Dios decidiera. Fue un momento muy bonito, muy emotivo.

¿Cuándo empezaron a vivir los niños contigo?

Para mí era muy difícil, porque los hijos de Enrique vivían con sus abuelos y era complicado ir a Toluca, al festival de la escuela, regresar, estar con ellos... Entonces, una vez que los niños vieron que ya nos habíamos comprometido, lo hablamos los ocho y decidimos que lo mejor para todos era que estuviéramos juntos. No sabíamos exactamente cuándo nos íbamos a casar, por el trabajo de su papá, pero decidimos que se vinieran a vivir conmigo en enero de este año.  Nos fuimos acoplando a esta casa, y dije a mis hijas que íbamos a compartir todo; ahora, lo que hay aquí es para ocho personas. Ya vamos a cumplir un año de vivir con los niños, y como tú lo has visto, estamos muy integrados.

¿Fué difícil que se integraran?

No. Nunca los obligamos a nada. A los niños no puedes forzarlos a quererse, simplemente notaron que Enrique y yo nos tenemos un amor muy grande como pareja; por lo que creo que si nos ven bien, todo lo demás está bien. Les da gusto que nos queramos, que estemos tranquilos, que cada uno tenga su espacio y, sin obligarlos a nada, ellos solitos se han ido acoplando. Existen comentarios de gente que habla de lo que no conoce, pero la verdad es que se nota que se llevan bien y que están felices. A mí no me importa lo que digan esas personas, sino lo que los niños sienten; ahí notas la verdad de una familia. No puedes fingir absolutamente nada y, sobre todo, no es posible manejar el corazoncito ni la sinceridad de los niños.

Platícanos de la boda, ¿cuándo va a ser y en dónde?

Sólo Caras lo sabe primero: nos vamos a casar el 27 de noviembre en la catedral de Toluca. Y vamos a hacer una recepción en la Casa de Gobierno, con un brindis para agradecer a los amigos que compartirán ese momento tan importante con nosotros y, obviamente, con la gente que nos quiera acompañar. No podemos saber si serán 10 o 200 invitados; realmente, serán nuestros amigos y los que quieran estar con nosotros.

¿Quién va a diseñar tu vestido?

Macario Jiménez. Soy mucho de la idea de defender lo que hacemos en nuestro país; Macario es mexicano y últimamente me ha hecho el favor de vestirme. Me está haciendo un vestido precioso, algo muy bonito y sencillo.

¿Qué es lo que más ilusión te provoca de ese día?

La ilusión más grande es formalizar el compromiso ante Dios, la ley y la familia. Somos una pareja que se ama, que realmente estamos convencidos de lo que vamos a hacer y de lo que estamos haciendo; nuestro amor es verdadero. Yo pensaba que este amor sólo se daba en las telenovelas, y mi vida ha sido como de telenovela; es un amor puro que Dios me está regalando. Me siento afortunada de que Él me ha dado la oportunidad de estar al lado de un hombre tan maravilloso. Si Enrique fuera arquitecto o abogado, no cambiaría el amor que siento por él. Admiro lo que hace, tanto como lo que es, pero si se dedicara a otra cosa, no cambiaría su esencia; esa esencia es lo que me tiene realmente enamorada. Le tocó el papel de servir y ayudar a los demás, y al lado de él asumo esa responsabilidad. Nunca me he casado por la Iglesia, va a ser la primera vez, y entrar a ella es ofrecer a Dios el amor verdadero y el amor tan grande que nos tenemos.

Cuando lo conociste, ¿imaginaste que te ibas a casar con él?

Nunca, nunca, nunca. Hace mucho tiempo lo vi en una revista, cuando me fui a vivir a Miami con mis hijas después de que me separé. Empecé a leer, vi cómo se llevaba con los niños y el cariño que les tenía, y  me llamó la atención la pérdida de su mami. Cerré la publicación y dije: "Qué difícil debe de ser el papel de la mujer que esté con él", porque yo realmente pensaba en los tres niños y decía: "Ay, ojalá que les toque una buena mamá". Luego, pasaron como dos años, me puse a trabajar, terminé la telenovela Destilando amor y, de repente, me hablaron para que fuera la comunicadora del Estado de México. Todo fue muy rápido, me llamaron de Televisa porque querían que estuviera en el proyecto; lo conocí y hasta ahí quedó. Hice los comerciales y la comunicación, y nos fue muy bien; él me habló por teléfono para darme las gracias y para invitarme a cenar. Yo no salía con nadie, estaba dedicada a mi casa; no tuve ese tiempo de una mujer soltera que iba a conocer a alguien. Llevaba casi año y medio separada y no estaba con la inquietud de conocer a alguien, pero sabía que en su momento me iba a llegar, porque sola no me iba a quedar. Hasta había hablado con mis hijas de que quería a un hombre a mi lado, porque me gusta el hogar.  Cuando me invitó a cenar, yo iba con la intención de hablar de trabajo, pero todo fluyó y se dio. Terminamos de hablar de trabajo y luego empezamos a platicar de cosas muy personales. Yo tengo pocos amigos, casi sólo es mi familia, no hablo casi con nadie; y a él le platiqué toda mi vida, y él la suya. Me dio mucha confianza, lo vi tan honesto, tan sencillo, tan normal, que empezamos a salir y a salir hasta que me enamoré... y aquí estoy. 

¿Quieren tener más hijos?

La verdad, tener un hijo de este hombre sería una bendición de Dios, y sí, me gustaría. Niño o niña, lo que Dios nos mande. Tengo muchas ganas de darle un hijo a Enrique.

¿Qué va a pasar con tu carrera artística?

Estoy muy orgullosa de haber trabajado 20 años en Televisa. Ahora, hemos determinado que ya no voy a trabajar para la empresa, porque prefiero concentrarme en mi familia y en las actividades que pudiera tener con Enrique durante los pocos meses que le quedan para terminar su gestión, y lo tomo con responsabilidad. No me quedé con las ganas de nada; amo mi carrera, es un trabajo que me ha llenado mucho. Gracias a Dios, mi empresa Televisa me dio la oportunidad de hacer una de las telenovelas más importantes, Destilando amor, y profesionalmente estoy muy satisfecha.

ENRIQUE PEÑA NIETO 

¿Qué te gustó de Angélica?

Primero, me gustó ella cuando la conocí. La verdad, sabía poco de su carrera artística porque realmente no estoy familiarizado con las telenovelas y demás. Obviamente, sí la ubicaba y sabía de ella, pero sin estar muy enterado.Cuando la conocí la primera vez, me gustó, dije: "Qué guapa", y luego me encantó cuando la traté y, especialmente, cuando conocí su calidad humana, cuando la vi en su papel de mamá. Me sorprendía que cuando salíamos siempre estaba muy pendiente de dónde estaban sus hijas, de qué hacían; las regañaba, le hablaban para pedirle permisos y hasta para encender la televisión. Eso me gustó, que constantemente está al pendiente de los hijos. Me enamoré con el paso del tiempo y me he seguido enamorando de ella.

¿Cómo fue ese proceso de conquista?

Yo creo que se fue dando sin habérmelo propuesto. La verdad, primero la conocí cuando aceptó participar en la campaña de promoción del Estado de México, y alguna vez le hablé cuando tuvo un accidente, para ver cómo estaba. Pero fue hasta que terminó la campaña que la busqué para invitarla a salir, con motivo de agradecerle que nos hubiese apoyado. A partir de ahí, empezamos a vernos, a frecuentarnos ocasionalmente y, pues, ya del gusto al amor sólo hubo un paso, y así sucedió. Yo diría que fue un proceso que con el tiempo maduró de manera natural. No hubo un plan premeditado, la empezaba a extrañar y la buscaba.

Y le preguntaste que si quería ser tu novia, porque a Angélica nadie le había preguntado eso...

Ah, bueno, sí. En una cena le dije que ya salíamos, que ya nos acompañábamos a distintos actos, y le pregunté: "¿Quieres ser mi novia?". Y me dijo que sí. Esa fue la fecha que marcamos como el inicio de esta relación, que luego, obviamente fue sujeta de muchas críticas, señalamientos y demás, totalmente infundados.

¿En qué momento decidiste que te querías casar con ella?

Pues después de ya llevar aproximadamente año y medio de relación, y después de sentirme muy motivado y muy enamorado, porque a fin de cuentas el amor es lo que le da soporte a esta decisión. Una vez le pregunté: "¿Te casarías conmigo?, ¿te volverías a casar?", porque obviamente los dos habíamos estado casados, y la decisión de volver a casarse es algo que valoras, y me dijo que sí. Entonces, vino la visita que hicimos al Vaticano para promover al Estado de México, sobre todo para llevar un nacimiento que hicieron artesanos mexiquenses. Fue cuando decidí que era buen lugar y un gran y único momento para proponerle matrimonio, pues los dos somos creyentes. Mi decisión era ir con todos los hijos, porque se trataba de una ocasión especial; no te encuentres al Papa todos los días. Cuando estábamos allá, ella ni siquiera lo sospechaba ni lo imaginaba.

¿Qué sientes de volver a casarte?

Una gran responsabilidad, como lo es tomar esta decisión de contraer matrimonio con tu pareja, de formalizar la relación y de darle legalidad por la ley civil y por lo religioso. Significa también el compromiso de respetar a tu pareja, de formar una familia juntos.

¿Qué sientes de tener a cuatro nuevas mujeres en tu vida?

Me siento muy feliz. La verdad, desde que iniciamos la relación y que he ido amando cada día más a Angélica, sin duda me enamoro de todo lo que está cerca de ella; lo que quiere, lo que ama, yo lo quiero igual. Siento gran felicidad de que seamos ocho; nunca imaginé que iba a tener una familia tan grande, pero hoy lo somos, y creo que te has llevado el testimonio de cómo compartimos, cómo convivimos, cómo nos llevamos, cómo se llevan nuestros hijos y cómo estamos ya integrados como familia.

¿Se adaptaron fácilmente como familia?

Fácil, y diría que muy rápido. Mucho de lo que me anima a mí, y seguramente también a Angélica, es ver que los hijos estén bien integrados. Porque eso es una razón para saber que estamos en el camino correcto y queremos seguir apoyando a esta familia, impulsando a cada uno de los seis hijos para que logren sus propias metas, alimentándola con la relación de amor que tenemos entre los dos. ¿Estás nervioso o emocionado con la boda?

La verdad, no estoy nervioso, sino muy emocionado; ilusionado por este paso tan decisivo en mi vida. Son de las decisiones más importantes que uno toma; asumir un compromiso de por vida, porque así queremos que sea. Es decir, no estamos pensando dar un paso para ver si nos va bien, estamos pensando dar un paso porque nos va bien y está calculado para que sea de por vida. No estoy nervioso, porque creo que no va a cambiar mucho la convivencia y la relación de amor que hoy tenemos; al contrario, la va a unir más al formalizar ante la ley y ante Dios. Entonces, me ilusiona mucho más que ponerme nervioso.

¿Quieres tener un bebé con Angélica?

¡A mí me encantaría! Es un tema que ya hemos platicado y nos emociona; queremos que sea pronto. Además, sellaría la relación de amor y se convertiría en un vínculo de las dos familias; sería muy bonito.

¿Dónde van a vivir cuando se casen?

Yo tengo que estar en el Estado de México, allá vivo, pero a veces vengo y me quedo aquí con mi hijos, con mi familia. Tenemos tres espacios: la casa de Angélica, la de Gobierno y la de Ixtapan de la Sal; entonces, ¿dónde vamos a vivir? Es una decisión que tomaremos con los planes del futuro. Los niños van al colegio en Naucalpan, eso es importante mencionarlo para que luego no digan que me salí del estado.

¿Por qué decidiste que éste es el momento adecuado para casarte?

Ambos lo decidimos. Éste es un asunto de orden personal y de pareja, aunque también creo que no puedo dejar de lado la parte política, porque lo que menos deseo es que algo que es tan íntimo y tan de nosotros pueda convertirse en algo que sea objeto de lucro, de especulación o de descalificación política. Estoy seguro de que lo hago en un tiempo donde lo aparto de un momento político para el Estado de México; no quiero dar lugar a que la competencia se valga de una decisión personal, de un asunto familiar y quieran aprovecharlo. Creo que es un buen tiempo para que evitemos que se quiera lucrar políticamente con eso.

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