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Poetisas suicidas: cuando la poesía termina de forma trágica

Autor: EFE

Violeta Parra, Alfonsina Storni o Alejandra Pizarnik son tan solo algunas que decidieron terminar con su vida.

La poesía hace visible lo invisible, cura o mata, porque esa sensibilidad de los poetas para regalar al mundo experiencias radicales puede tener un coste caro y más si se es mujer. Violeta Parra, Alfonsina Storni o Alejandra Pizarnik son algunas de estas poeta que pusieron fin a su vida de forma trágica.

Y así lo muestra el libro, "Poetas suicidas y otras muertes extrañas" de Luzmaría Jiménez Faro, que acaba de publicar Torremozas y que recoge la biografía de poetas de América Latina y España que tuvieron la presencia oscura de la muerte en sus vidas.

Edelmira Agustini, Eunice Odio, Julia de Burgos, Teresa Wilms, Carolina Coronado, Clementina Suárez y María Mercedes Carranza forman parte de este libro, que encabeza por Parra, Storni y Pizarnik.

"Cuando la palabra se vuelve desesperanza, cuando las horas se deshojan, cuando no se ve la luz al fondo del túnel, cuando se pierde la ilusión y nos rodea la indiferencia (...) aparece la necesidad de transgredir la frontera de la vida", escribe en el prólogo del libro Jiménez Faro.

Suicidas o víctimas de una muerte trágica, estas mujeres inteligentes, creativas y con ciencia de género tuvieron una vida apasionante con amores y desamores al límite. Todas ellas forman hoy parte de la gran historia de la literatura, como dice Jiménez faro y todas ellas tienen en común que escriben en español.

Uno de los grandes ejemplos lo encarna la poeta y cantante chilena Violeta Parra (1917-1967) a la que Pablo Neruda bautizó "Santa de greda pura" y que en algún momento ya había dicho que "el día que no tenga un amor, me dejaré morir", se quitó la vida de un tiro en la cabeza, poco después de escribir lo que sería su legado más importante "Gracias a la vida".

Apasionada, la hermana del poeta Nicanor Parra, se casó con Luis Cereceda en 1938 con el que tuvo dos hijos, Violeta Isabel y Luis Ángel, y al que advirtió que nunca dejaría de cantar. Se separaron y en 1949 se volvió a casar con Luis Arce, ebanista, con el que tuvo dos hijas, Carmen Luisa y Rosita Clara. Pero tras separase y ya muy desilusionada le llegó un amor loco con un músico suizo, Gilbert Favre, 18 años más joven, del que se enamoró perdidamente.

Un amor que no fue nada fácil, con distancias y altibajos, pero que hace que Violeta pueda "volver a los diecisiete", otra de su composiciones míticas. Aunque finalmente "el cansancio, las dudas, la nostalgia..." contribuyen a que su vida se vuelva oscura. Y así, el 5 de febrero en la "Carpa de la Reina", el barrio de Santiago de Chile, aparcó su vida de un disparo en su pequeña habitación.

Otra amante de la palabra, defensora reivindicadora del universo femenino y suicida es Alfonsina Storni, que nació el 29 de mayo de 1892 en Suiza, aunque se trasladó a los cuatro años a Argentina. Mujer apasionada, y al final víctima de un cáncer de pecho, el 18 de octubre de 1938 tomó un trena con dirección al Mar de plata, se alojó en una pensión y a los pocos días, el 25, por la noche envuelta en un manto se entregó al mar.

Una muerte que se ha convertido en leyenda y en canción "Alfonsina y el mar" de Ariel Ramírez e interpretada por Mercedes Sosa.

Dos poetas simbólicas a las que se suman en el libro, la argentina Delfina Tiscorida (1966-1966, autora del poema "Quiero arrancar la muerte de vida" o la limeña Marta Kornblith (1959-1997), que se quito la vida tirándose de un quinto piso, autora de "La calle está llena/ y hay una mujer que en el fondo de su cuarto/llora sola".

El libro que reproduce muchos poemas, encierra a estas poetas y a otras mucho menos conocidas y se completa con abundante material gráfico en un capítulo denominado "Ellas y el silencio".

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