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La maldición de ser albino en África y la diversidad en mi viaje

Autor: Marina Armida Instagram: @marinaarmida

Senegal y Bamako me han dejado muchas enseñanzas, entre ellos la obligación de nosotros de dejarles un mundo mejor a los niños.


Fotografía por: Marina Armida

Después de mi llegada a Senegal, y con dos días de retraso, mi viaje cambió completamente, ya que tenía que sacar visas y como era fin de semana las oficinas estaban cerradas. Durante mi estancia en Dakar aproveché para conocer la mina de sal y el lago rosa. Cada lugar que conozco en África me ofrece una nueva perspectiva de cómo conviven y se desenvuelven las culturas.

Voy a empezar por platicarles cómo fue mi trayecto de Dakar a Bamako —viaje que duró aproximadamente  37 horas, cuando debería haber sido un poco mas de 21 horas— . La central de camiones tiene lugar en el estadio de futbol más grande de Senegal, donde se encuentran muchos camiones esperando su turno de salida. Tratándose de un país africano, el trayecto no se parece a cualquier otro. Las carreteras constan de un solo carril, en partes pavimentadas y en otras no, además de que no existe ninguna norma de tránsito. Por ejemplo, nunca entendí cuándo o por qué al encontrarnos otro auto en la vía contraria, quién debía darle la vía a quién, ya que ambos vehículos no entrarían al mismo tiempo, en el mismo carril; esto sin mencionar las vacas, burros y otros animales que se adueñan de la carretera. Los camiones vienen llenos de personas, cargamentos, animales y si pudiera describirlo bajo un sentido: Dakar huele a carbón. 

Los niños africanos se sorprendían de mi pelo.

Fotografía por: Marina Armida

La estación de camiones se encuentra a cargo de un sólo señor. Lo que significa que no existen oficinas o más personas que se estén pendientes de dicha organización o, en su defecto, de tan compleja operación. Compré mi boleto a Bamako por 25,000 francos, que equivalen alrededor de $300 o $400 pesos mexicanos. Tenía que estar al siguiente día a las 9:00 A.M y así fue.

Como les había platicado desde un principio, a mi llegada a Senegal llamé mucho la atención por ser mujer y en está ocasión no fue una excepción. El chofer y el resto del camión se  quedaron mirándome con cierta curiosidad y asombro, ya que era la única persona de tez blanca, a las niñas les daba mucha curiosidad mi pelo y no paraban de preguntarme si me lo podían tocar. A lo que el chofer  del camión me intentó preguntar de dónde vengo y a qué venía a Bamako, una de las capitales más peligrosos del continente africano, donde solo la ONU viene. Pero una vez más el lenguaje fue un impedimento para lograr entendernos.

El camión se atrasó y terminó saliendo a las 4:00 pm, lo que provocó que estuviéramos bajo el sol y con temperaturas de más de 40 grados y en espera por 7 horas. Bajo esas condiciones extremas, aventuré mi paladar y comí la carne seca que me regaló el chofer. Intenté no consumir nada de agua porque el trayecto sería alrededor de 21 horas, y aunque el camión se detenía cada media hora, nunca tuve la posibilidad de ir al baño. Fue a partir de ahí que comprendí por qué las mujeres africanas se visten con ropa holgada y faldas largas. A falta de baños en el camión y baños públicos en el camino, las personas en Bamako tienen que hacer de sus necesidades en la calle. Como es de esperase, yo no me encontraba preparada ya que viajo en jeans o pantalones y se me complicaba, cosas tan básicas como los baños y el papel higiénico para nuestra cultura, con las que contamos automáticamente y damos por hecho, en África no existen y no son comúnes.

Entendí por qué las mujeres usan faldas largas y ropa holgada.

Fotografía por: Marina Armida

Llegamos a la frontera de Mali a las 4:00 A.M y allí estuvimos por dos horas, ya que el proceso consiste en pasar de uno en uno a registrarte y a que nos sellaran el pasaporte.
Cuando veníamos entrando en la ciudad cruzamos parte del desierto del Sahara y pude presenciar los diferentes paisajes que se pueden vivir al mismo tiempo y en cuestión de minutos. De estar cruzando solo desierto, de repente comencé a ver millones de árboles grandísimos, mis favoritos los baobabs. Fue increíble ver la diversidad de árboles, no en cualquier carretera tiene uno la oportunidad de ver dos paisajes completamente opuestos.

A diferencia de mi experiencia en Senegal, las mujeres en Bamako —en específico las adultas mayores— son apoyadas por fundaciones para que ellas puedan valerse por sí mismas y contribuir a su comunidad y a la economía del país. También los niños ponen su granito de arena, ya que ayudan a limpiar el parque nacional de Bamako: desde pequeños se les enseña a cuidar y valorar lo poco que tienen para hacer de lo poco lo más grande.

No puedo negar que me he enfrentado ante una serie de complicaciones e incomodidades, lo cierto es que éstas parecen nunca van a terminar. Les cuento que en el primer día me terminé todo el almuerzo que llevaba para el camino, ya que no contemplaba me fuera a tardar tanto tiempo en el transcurso, literalmente pase hambre. No tuve mas opción que tratar de acomodarme lo mejor posible a situaciones completamente desconocidas para mí, como la desorganización de horarios para comer, el calor del camión, tratar de dormir, las piernas y las pompas dormidas, además de la música que sonaba repetitivamente en el camión.

"Desde pequeños se les enseña a cuidar y valorar lo poco que tienen para hacer de lo poco lo más grande"
Las temperaturas llegaban arriba de los 40 grados.

Fotografía por: Marina Armida

A partir de ahí, me impresionó el papel que desempeña la música en Bamako. A pesar de que diariamente se enfrentan ante situaciones extremas de vida o muerte, ellos intentan recrear espacios (como festivales de música) en donde puedan sentirse alegres y liberados. Muchos grupos de música han evacuado el norte de Mali, ya que esta zona se encuentra tomada por grupos terroristas como Al-Qaeda.

Nadie creería que habría niños albinos en África. Desde mi visita a Bamako quisiera concientizar al mundo, las drásticas, o más bien, completamente inhumanas prácticas en contra de los niños albinos, tema que me llamó mucha atención. Las personas que nacen con albinismo sufren de un problema de pigmentación de la piel, ojos y pelo. En algunos lugares de África — como Tanzania y Malawi—  los niños albinos son considerados demonios, su piel es interpretada y tomada como oro, y su destino es morir en rituales. La vida de un niño albino es una maldición, algunas partes de su cuerpo son mutiladas y tomadas como magia y amuleto.

La vida de un niño albino es una maldición.

Fotografía por: Marina Armida

Como muestro en una de las imágenes, se puede ver el abrazo de dos niños: uno albino y otro africano. ¿Es posible está convivencia que vemos en la imagen? Tristemente diría que no. Creo que si las personas tuvieran la oportunidad de entrar en distintas realidades, se podrían dar cuenta de la tormentosa realidad que sufren los albinos en África día a día. ¿Qué se necesita? Simplemente se necesita observar, hay muchas cosas que suceden y difícilmente nos sentimos afectados o quizás no conviene anunciarlas al mundo. No existe registro alguno de un albino de más de 30 años de edad debido a los problemas de salud que padecen, como el cáncer de piel. Imagínense si existiera algún tipo de fundación que apoyará a estas personas con sombreros, bloqueadores solares o algún tipo de tratamiento que pudiera aumentar su nivel y años de vida.

Si se pudiera resumir mi experiencia en Bamako les diría que todo se ha tratado de diversidad: paisajes, rostros, música, nueva comida y sin duda de la increíble comunidad de niños.

La realidad que sufren los niños albinos día a día es innegable.

Fotografía por: Marina Armida

#9countries9weeks se preocupa por los niños, ya que ellos son los que más necesitan de nosotros. Hagamos de su mundo algo más estable y más seguro.

Por último, me parece necesario informarles que ayer por la tarde, justo en un hotel de Bamako, se dio lugar a un ataque terrorista donde hubo muchos heridos, principalmente extranjeros.... De modo que cuando les digo que me encuentro en zonas de guerra, esto es lo que se vive la mayoría del tiempo aquí en África.

#PrayForMali

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