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Mi shock cultural con algunas de las tradiciones de las tribus

Autor: Marina Armida Instagram: @marinaarmida

La aventura me ha llevado a conocer diferentes culturas, algunas con tradiciones un poco fuertes que me han impactado.

Fotografía por: Marina Armida

Después de mi estancia en Bamako continúe el viaje con rumbo a Mopti, ubicado a 460 km al noreste de Bamako. Es importante mencionar que Mopti es la ciudad de Mali hasta donde esta permitido llegar, ya que hace frontera con la región en donde se encuentra Al Qaeda. ¿Qué significa esto? que me estoy dirigiendo a una región peligrosa, pero no lo suficiente como para detenerme. Debido a la cercanía con regiones tan riesgosas, la ciudad vive bajo toque de queda por lo que todo se paraliza después de las 6 de la tarde.

Llegué a la estación de camiones y me recogió la mamá del chofer que me ha estado ayudando con los traslados durante este proyecto. La señora Tuta me invitó a comer a su casa y fue toda una experiencia, ya que comí con la mano. Sin duda comer con la mano es un arte que aún no domino, pero aun así me terminé las albóndigas que estaban deliciosas. Más tarde me invitaron a tomar café y me presentaron a la familia completa. Tuve la oportunidad de convivir con ellos, pese a que el idioma siempre ha sido una dificultad, aún así aproveché y nos tomamos varias fotos, pues siento que a partir de la fotografía puedo interactuar de una forma distinta, ya que por medio de éstas puedo aproximarme a las personas, a los paisajes y a los animales de una manera completamente diferente.

Las mujeres de la zona me hicieron trenzas.

Fotografía por: Marina Armida

En el camino me detuve a conocer el grupo étnico Los Dogones, quienes habitan en esta región de Mali, y que además es una de las mayores atracciones turísticas del país. Fue increíble visitar este pueblo por su cultura encantadora, las tradiciones sociales que aún sobreviven en la región (fiestas, rituales y ceremonias que implican el culto a los antepasados), sus llamativas máscaras y sus bailes tradicionales; además de su bella arquitectura, el pueblo se encuentra construido a base de arcilla y paja. El acantilado de Bandiagara, también conocido como la Tierra de los Dogones y declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, cuenta con un paisaje excepcional de acantilados, y mesetas arenosas. El interés geológico, arqueológico y etnológico, junto con el paisaje, hacen de la meseta de Bandiagara uno de los lugares más impresionantes de África Occidental. Los Dogones instalaron sus aldeas allí debido a la posición de defensa que les brinda este tipo de geografía, junto con la cercanía al río Nigeria.

En mi viaje he descubierto las costumbres y tradiciones de las tribus.

Fotografía por: Marina Armida

Además se movían de las lianas de los árboles baobab que son originarios de la región. Lo cierto es que, es muy difícil que este pueblo pueda seguir viviendo en los acantilados. Me explicaron que aquellos que viven en los acantilados son considerados los sabios del pueblo como personas mayores.



Durante mi visita a Mali, tuve la oportunidad de conocer a la tribu Fulani. Son el pueblo nómada más grande del mundo y quienes fueron uno los primeros grupos africanos en adoptar el islam como religión. Conviví con las mujeres de la tribu quienes se caracterizan por portar un atuendo muy original lleno de diversos colores y texturas. Tienen tatuada la boca de un color muy obscuro, generalmente usan un turbante con sombrero y se pintan la cara para resaltar las líneas amarillas en su rostro. Tienen una belleza tan exótica que es difícil no sorprenderse.

Los niños y niñas de la tribu Filani son mutilados de sus genitales a los 7 años de edad.

Fotografía por: Marina Armida

Al adentrarme más a sus rituales debo confesar que tuve un shock cultural, ya que al crecer en un mundo occidental, temas como la mutilación genital femenina me generan mucho conflicto y sobretodo me perturban. Los Fulani no solo practican la mutilación genital femenina a las niñas, sino también a los niños. Sin embargo, cuando comienzas a conocer y observar la historia de la tribu, entiendes (más no estoy de acuerdo) que la mutilación genital femenina y masculina no se reducen a temas sexuales o misóginos. Por el contrario, la mutilación es vista como la iniciación de los niños a la vida, por así decirlo. La mutilación se da entre los 7 y los 14 años, ya que los Fulani cuentan las fases de la vida en periodos de 7 en 7 años. 



Por último conocí a la tribu Tuareg, que al igual que los Fulani, es una tribu nómada. Del mismo modo que las mujeres en la tribu Fulani, las mujeres Tuareg llevan el rostro cubierto por ser una tribu mayoritariamente musulmana. Algo que me pareció muy interesante es que estas mujeres gozan de ciertas libertades a pesar de ser musulmanas. Por ejemplo, pueden divorciarse del marido y el perjudicado es él, ya que ellas controlan sus propiedades (tiendas principalmente) y pastorean a las cabras.

En mi viaje he conocido cómo viven algunas mujeres en África, todas me han dejado grandes enseñanzas.

Fotografía por: Marina Armida

Después de visitar la tribus regresé a Mopti y partí rumbo a Uagadugú, capital y principal ciudad de Burkina Faso. Compré mi boleto de camión y la ruta era de aproximadamente 18 horas. No es fácil para nadie permanecer sentada durante 18 horas, y menos cuando vives en una ciudad como México en donde nuestros días se definen por ser acelerados. Es peor cuando te enteras que aquellas 18 horas ¡¡¡fueron en vano!!!! Debí de haber hecho un cambio de camión en una parada, la cual sin darme cuenta la pasé, cuando saqué mi mapa y me enteré, ya estaba lejísimos de la parada en la que tenía que hacer transferencia de camión. Cuando llegué a mi destino BLA, ya no había camiones y el próximo era a la 1:00 A.M., por lo que decidí quedarme allí y así finalmente lograr llegar a Burkina Faso.

Durante mi espera —además de tomar fotos— me tomé el tiempo de convivir con las personas del pueblo, así como también aventuré mi paladar. Las señoras del pueblo decidieron peinarme de trenza. También, dí la vuelta por el mercado donde curioseé los puestos y conocí la variedad de cosas que venden. No perdí el tiempo y aproveché para poner al día mi diario con las experiencias vividas. Al escribir reflexioné lo siguiente: aún cuando estés perdida tienes un propósito.

Los trayectos entre un lugar a otro han sido largos y cansados.

Fotografía por: Marina Armida

Por fin a la 1:00 A.M. llegó el camión, el cual iba lleno de jóvenes. El autobus no tenía aire acondicionado, por lo que traíamos las puertas abiertas y así permitir que fluyera el aire. A causa de los ataques terroristas en Mali hay retenes cada 50 km; el Ejército detiene al camión, se bajan los pasajeros, revisan los pasaportes y hacen una inspección. Después nos vuelven a dejar  subir y se repite el proceso cada 50 km. Cruzamos la frontera de Burkina Faso alrededor de las 7:00 hrs y finalmente llegué a la capital a las 19:00 hrs. Cuando llegué al hotel tuve la grandiosa suerte de que el dueño fuera italiano y eso me aseguraba comer muy bien. Una pasta pomodoro le cae muy bien a todos y más después de este largo y extenuante trayecto. 



El día siguiente fui al santuario de cocodrilos que se encuentra en un pueblo llamado Bauze, donde los cocodrilos viven en su hábitat natural y al mismo tiempo conviven con los habitantes del pueblo. Me impactó ver cómo estos animales depredadores y tan peligrosos conviven con los niños del pueblo y no les hacen nada. La historia del Santuario dice que tiempos atrás hubo una fuerte escasez de agua y los cocodrilos comenzaron a cavar el lago para que hubiera más agua. Los locales los consideran animales sagrados porque gracias a ellos volvió el agua a su pueblo. A causa de esto les hacen distintas ofrendas como cabras, gallinas, y pollos. También visité las mezquitas del pueblo que son hechas de arcillas y tienen picos de madera. Me llamó la atención que son hechas así con propósito, ya que cuando llegan épocas de lluvia la estructura de madera sirve para poder reconstruir las mezquitas. 



Por último, me gustaría compartirles que hice un acercamiento con la fundación alemana llamada Tuareg, se dedican a ayudar a las niñas con menos recursos. Las mujeres aquí se casan muy jóvenes y está fundación ofrece posibilidades para que ellas puedan desarrollarse mientras cuidan a sus hijos. Además de ofrecerles educación, la fundación las apoya para que al finalizar sus estudios tengan opciones de trabajos —maestras, enfermeras, costureras— y así las mujeres  de Burkina Faso puedan realizarse y ser independientes.

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