PERFIL: Máxima de Holanda

La esposa del príncipe Guillermo será, la reina de los Países Bajos, pero su historia personal guarda capítulos que quisiera esconder.

Por: Gabriela Morales Casas
2013-04-29
PERFIL: Máxima de Holanda
Getty Images

"Siempre fue muy ambiciosa" dice la biografía no autorizada Máxima, una historia real, de los autores Soledad Ferrari y Gonzalo Álvarez, publicada en 2008 y que en marzo tendrá una reedición ampliada a partir del anuncio de la abdicación de la reina Beatriz. El carácter de superación aspiracional de la futura reina de Holanda viene de su vida como ciudadana de clase media muy esforzada.

Máxima es la primogénita de la familia Zorreguieta Cerrutti. Nació el 10 de marzo de 1971 en Buenos Aires. Fue al Northlands School de esa ciudad, uno de los más exclusivos para niñas; sin embargo, no tenía una situación económica privilegiada. A pesar de la prominente posición política de su padre, los Zorreguieta vivieron toda su vida en el barrio residencial de La Recoleta, al norte de Buenos Aires, en la calle Presidente Uriburu 1252, en un departamento lujoso pero no de alta sociedad.

Una de las anécdotas que poco se conocen de la niñez de la todavía princesa la aportó su vecina Ana María Enríquez a la revista El tiempo de Colombia, cuando el 25 de junio de 1978 la selección de futbol ganó la Copa del Mundo al derrotar a "La Naranja Mecánica" de Holanda, y los niños brincaban en la calle Presidente Uriburu del barrio de La Recoleta "el que no salta es un holandés, el que no salta es un holandés". Maxi no sabía que sin saltar se iba a convertir en una holandesa.

QUE VISTA COMO DEBA AUNQUE DEBA LO QUE VISTA

A través de testimonios de compañeritas del colegio y del trabajo, Máxima no tenía las posibilidades económicas del resto de las alumnas: "No comía en el comedor del colegio, llevaba su lunch aparte y siempre estaba solita en los recreos por ese tema", dijeron. Tampoco tenían coche nuevo; anduvieron en un Fiat 1500 durante 10 años, que además era un auto compacto y no precisamente el que manejaría una dama de sociedad.

Máxima no tuvo vehículo propio sino hasta que empezó a trabajar. Antes de eso y durante su adolescencia sufrió esta clase de carencias para poder vivir otros privilegios, como viajes de verano a La Patagonia y Punta del Este y tener una empleada doméstica de planta.

Aun así, Maxi hizo buenas amistades en la escuela ("porque era muy simpática y divertida"), que le servirían en su futuro... solo que nunca se imaginó cuánto. Básicamente, gracias a Northlands School conoció a Guillermo. La socialité Cynthia Kauffmann, una chica de altísima sociedad que conoció en el colegio, los presentó en la Expo Sevilla de 1999; la amiga ya le había hablado maravillas de Maxi.

Poco antes de esa gloriosa fecha, Máxima tenía un novio israelí, Dieter Zimmerman, que conoció en la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires en Economía, la más prestigiosa de la Capital Federal. "Siempre le gustaron ricos y extranjeros", dice uno de los testimonios de Máxima, una historia real.

Aquí, al igual que en la prepa, hizo una red de amistades poderosas muy convenientes a la hora de conseguir trabajo. Logró colocarse en el banco HSBC James Capel Inc. en Nueva York y después en el Dresdner Kleinwort Benson; ambos en puestos directivos para Latinoamérica; finalmente trabajó para el Deutsche Bank como vicepresidenta.

SELF MADE GIRL

El noviazgo duró dos años sin hacerse oficial. Sucedió entre Nueva York y Ámsterdam. Guillermo y Máxima se intercambiaban fotografías en las que él la admiraba por sus cualidades como jinete, aprendidas del Jockey Club, donde su papá no es socio pero sí invitado recurrente.

Guillermo era entonces un príncipe playboy, llamado entre sus súbditos "Beer Prince", porque se la pasaba en la fiesta y salía noche tras noche sin dar visos de seriedad alguna. Nadie parecía hacerlo sentar cabeza hasta que conoció a Maxi, "latinísima y muy malhablada; esa espontaneidad le encantó", afirma la autora Soledad Ferrari.

El periodista del diario Telegraaf, experto en la Casa Real de Holanda, Alex de Vries, lo confirmó en una entrevista con la cadena inglesa BBC: "Él estaba harto de las princesitas europeas educadas para casarse y obedecer el protocolo; cuando conoció a esta mujer exótica que hablaba fuerte y era segura de sí misma, no lo dudó ni un segundo, supo que era la mujer de su vida".

Finalmente se comprometieron el 30 de marzo de 2001, y el 17 de mayo de ese mismo año ella ya era ciudadana holandesa. Se casaron el 2 de febrero de 2002 en la catedral Nieuwe Kerk de Ámsterdam. Hoy tienen tres hijas: las princesas Catalina-Amalia (de 9 años), Alexia (de 7) y Ariane (de 5).

Desde entonces Máxima ha sido útil como embajadora financiera para su nuevo país, en lugar de dedicarse a la vida protocolaria; en 2004 la nombraron consejera del Estado de Holanda de la ONU como asesora en inclusión financiera. Es por eso que, de acuerdo con sus biógrafos, la Casa Real la ha vendido como una economista brillante y de altos vuelos, "cuando todavía pensaban que podían ocultar su pasado", cuenta Ferrari.

Por cierto, en junio de 2012 asistió a Los Cabos como embajadora de Holanda en su inclusión al G-20, donde Carlos Loret de Mola la entrevistó; habló sobre su propuesta financiera y lo hizo con un acento argentino poco marcado y, en ocasiones, olvidando la pronunciación de algunas palabras castellanas (dijo "comienciar" y pronunció la equis de México en inglés).

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