Realeza

Dinastía real en México, la descendencia del imperio persa

Autor: Caleb Torres @CARASmexico

Shahpary Pulido y Shahrzad Pasban-Dowlatshahi comparten la historia familiar.

NOTA DEL EDITOR: Este reportaje salió en la revista impresa de CARAS México en el año 2010.

Madre e hija, Shahpary Pulido y Shahrzad Pasban-Dowlatshahi, poseedores de un porte, rasgos físicos y tipo de belleza poco comunes en México, la combinación de sangre inglesa, iraní y, en el caso de Shapy, mexicana logra esta llamativa belleza. Las dos herederas comparten la historia de su familia y relatan para Caras algunas de las anécdotas, no todas agradables, del pasado y presente de los descendientes directos de los últimos reyes del imperio persa.

En 1978 ocurrieron grandes cambios políticos y sociales en la historia moderna del pueblo iraní, particularmente una serie de movimientos revolucionarios y violentos que terminaron con el derrocamiento de Mohammad Reza Pahlevi, rey de Persia, y el nacimiento de la República Islámica de Irán.

Años atrás, en 1926, Reza Pahlevi, antes Reza Khan, entonces general del ejército persa, llegó al poder al derrocar al último rey de la dinastía Qajar, de donde nació la familia Dowlatshahi y puso fin a sus siete dinastías en el poder.

Finalmente, los Reza Pahlevi (con quienes la familia Dowlatshahi se unió en varias ocasiones para legitimizar el poder) reinaron sólo por dos periodos, pues la revolución terminó con la milenaria era de los shahs persas. Algunos de esos cambios los vivió Shahrzad, hija del príncipe Gholan Reza Pasban Dowlatshahi, quien durante los disturbios sacó a su familia de Teherán, para después trasladarlos a Inglaterra y dejar atrás más de siete siglos de historia familiar y poner fin a una de las dinastías aristócratas más importantes de Persia.

Shahrzad nació entre dos culturas, es angloiraní. Nacida de madre inglesa y padre que nació en Irán. "Nací en Teherán y crecí ahí hasta poco antes de la llegada de la revolución de 1979". Irán no es un país árabe como muchos creen, más bien es musulmán de religión. Tiene orígenes diferentes a los cimientos árabes. "Somos hindoeuropeos, nuestro idioma, por ejemplo, es el Farsi, que aún hablo con fluidez. Era una vida feliz, en un contexto muy occidental; era una casa normal como cualquiera de Las Lomas o La Herradura. Teníamos muchas alfombras persas; jamás recibí trato distinto por ser mujer, así que recibí el mismo que tuvieron mis hermanos. También vestía de manera normal", recuerda Shahrzad.

Mohammad Reza Pahlaví​​​ fue sah de Irán desde el 16 de septiembre de 1941 hasta la Revolución islámica del 11 de febrero de 1979.

Ser hija de un príncipe es complicado, "mi padre falleció el año pasado, era un hombre muy orgulloso, provenía de una familia de realeza. Mi abuelo estableció la soberanía de la familia Pahlevi, la familia real de entonces, porque antes había sido la Fayad; lo fueron por más de 130 años. La familia de mi padre también descendía de los Fayad, y en esas familias ya se acostumbraba proteger a las personas y a quienes reinaban. Eran épocas en las que se quería a sus reyes; además, la familia era muy unida y eso llenaba de orgullo a mi padre, sobre todo por la historia de la familia".

  • El destierro de Persia

"Atestigüé alboroto y descontento social. Además, mi mamá era profesora de una universidad de Teherán y, como pasa muchas veces, ahí se dan las primeras señales de que algo va a ocurrir. Mi mamá vio disturbios y entendió lo que iba a pasar; recuerdo que había muchos secuestros por cuestiones políticas, así que no podíamos salir siquiera a caminar a la calle. Siempre estábamos resguardados porque se escuchaban historias terribles, como que echaban ácido en el rostro a las personas. Recuerdo que el sha impuso toque de queda, así que en el verano de 1969, por nuestra seguridad, tuvimos que mudarnos a Gran Bretaña.

"Mi vida se interrumpió abruptamente, incluso en el extranjero teníamos que cuidarnos mucho. Mi papá, desafortunadamente, no pudo salir, y la verdad la pasó muy mal en la revolución. Al mes que estalló el movimiento, se convirtió en preso político. Fue muy difícil, porque en esa época se cometieron muchas atrocidades. La incertidumbre en Inglaterra fue horrible, porque no sabíamos si en cualquier momento lo iban a ejecutar, como ocurrió con muchos miembros de mi familia. Resultó una tortura ver en las noticias lo que le pasaba al país que tanto amé. Finalmente, mi padre logró salir".

Al final, rehaciendo su vida, la princesa persa Shahrzad recuerda con buen humor que "en el colegio me preguntaban mis compañeros que si iba a la escuela en camello (risas), o bien, me cuestionaban sobre si tenía electricidad en mi casa. Vi que ideas como ésas son comunes en lugares tan lejanos al tuyo. Recuerdo que les contesté: 'Había camellos que cargaban el fertilizante del jardín de mi casa'".

El príncipe Gholam Reza Pahlaví

De su relación con México, Shahrzad comenta que lleva ocho años viviendo en México, "... pero conocí el país cuando cumplí 21. En aquel entonces tenía una expectativa diferente sobre este país, pero cuando llegué a la ciudad vi que tenía grandes similitudes con Irán, así que me sentí mucho mejor. Hay algo en la gente y en la arquitectura que me hace recordar mucho a mi país.

"En1985, llegué como alumna de intercambio a la Universidad Nacional Autónoma de México. Aquí conocí a mi esposo, estuve durante seis meses; después, nos hicimos novios y nos casamos. Después de la boda nos fuimos a Europa y a Estados Unidos, donde nacieron nuestros hijos. La ciudad de México me recuerda mucho mi infancia, el Teherán que conocí y que tanto quise. Me identifiqué mucho con este lugar, y no soy la única, porque me han visitado amigas iraníes y me mencionan exactamente lo mismo. México es el país de mi corazón, amo este lugar. La gente se queja mucho de los problemas, pero la verdad es que aquí no hay muchas de las cosas horribles que hay en Medio Oriente; esto es primer mundo comparado con todo eso", asegura.

A pesar de que su familia fue fragmentada por la revolución y que sus hermanos viven en todas partes del mundo a Shahrzad le gusta dar continuidad a su cultura con la cocina.

"Preparo comida tradicional; es algo complicada y requiere de mucho tiempo, pero la hago desde que mis hijos eran pequeños. Siento que de esa manera los acerco a nuestra cultura madre. Es algo que realizo cada vez menos, pero siempre en ocasiones especiales. Además de los nombres de mis hijos, Shahpary y Shahiyaer. Cuando me preguntaron por primera vez el significado de sus nombres, fue una gran lección para ellos; disfrutó mucho decirles que son parte de nuestro pasado".

Shahpary Pulido vive en México.

"En México somos muy pocos iraníes; no ocurre lo mismo en Estados Unidos. En Irán, por ejemplo, a los 13 días después del año nuevo se quita la ofrenda y se hace un día de campo. Recuerdo que de niña veí­a a más familias, como nosotros, que llevaban su trigo germinado en el cofre del carro y manejaban hasta que se caía por sí solo. En el lugar donde caía se hacía el día de campo; son recuerdos muy bonitos, porque representa lo que hay que sacar de casa. En México sólo salimos en familia, pero sé que en Los Ángeles se reúnen las comunidades iraní­es y lo hacen juntos porque allá son muchos".

Shahpary, la hija de Shahrzad es el resultado de una mezcla singular, para ella es algo muy padre estar entre tres culturas, porque además de todo lo que pasó a su familia, nació y vivió en Estados Unidos hasta los trece años; "... así que soy inglesa, iraní, americana y mexicana. Es algo muy padre porque siento que conservo lo mejor de todo eso, como los valores y tradiciones. Siento que es algo que me ha enriquecido muchísimo. El reflejo de estas tres culturas en mi se puede notar en que soy elegante pero, a la vez, algo exótica; no soy la niña típica, me encanta ser distinta. De niña no me agradaba tanto la cultura iraní, me confundía un poco; además, nadie podía decir mi nombre (risas). Al crecer entendí lo fascinante de mi historia familiar; ahora, amo mi nombre, es mi signo distintivo y refleja ese pasado del que provengo".

Shahpary asegura que la herencia cultural más grande que le ha dejado Irán se ve por medio de la elegancia y el buen porte de las mujeres de la familia.

"Creo que mi parte iraní se refleja en mi modo de vestir y en cómo porto la ropa. Además, canto ópera desde pequeña, también toco el violín y el piano; eso ha sido de enorme tradición en mi familia. Siento que el linaje de las mujeres en mi familia es muy fuerte. Mi abuela, que era inglesa, fue de las primeras mujeres en Irán en ir a la universidad. Siempre han sido mujeres independientes y fuertes; han pasado por situaciones difíciles, pero siempre salen adelante. Supongo que eso me ha hecho una mujer muy independiente, por eso quiero hacer algo interesante en la vida, como ayudar", concluye.

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