José José: El héroe trágico

josé josé
Por Gabriella Morales-Casas @CARASmexico

En la historia de la humanidad, el Romanticismo se distingue, entre muchas otras condiciones, como un movimiento cultural en el que el dolor era una musa y el sufrimiento una constante. El héroe romántico del siglo XVIII podía quitarse la vida, o simplemente, sufrir por vivirla, algo que no cambió en el siglo XX. “José José sufría hasta cuando le daban amor”, dijo alguna vez el musicólogo Jaime Almeida, “basta con escuchar esta estrofa de ‘Preso’: ‘Soy preso, de la cárcel de tus besos, de tu forma de hacer eso, a lo que llamas amor’. ¡Siempre sufre!”.

José José

Foto: Archivo CARAS

Nada retrata mejor la figura de José José como esa frase; fue un héroe, un “guerrero” que sobrevivió a las situaciones más críticas de su vida, y también es una figura trágica porque parecía sellado a su destino. José Rómulo Sosa, José José, como todo romántico, vivió para contarlo y lo hizo sin tapujos. No existe entrevista en la que no aceptara hablar de su lado oscuro. Si bien no componía las canciones que interpretaba, su vida ha sido tal como las melancólicas canciones que lo hicieron famoso: humilde y atormentado. Pero, ¿por qué?

Los hijos pagarán por los pecados de los padres

Como en una tragedia antigua, el papá de José José era un talentoso tenor en el ambiente de la época y músico de modesta procedencia, que tocaba en el coro de una iglesia, al mismo tiempo que cantaba en un bar de clase obrera; los recuerdos de José José –quien, como sabemos, se puso ese nombre artístico en homenaje a su padre– son de un papá frustrado y alcohólico, pero con una brillante sensibilidad y cariño hacia su familia, “mis mejores recuerdos con él son jugando al beisbol en un parque”, dijo el Príncipe de la Canción al diario El País en 2014. “Tuve la desgracia de heredar la enfermedad de mi padre. Yo también estaba muriendo de alcoholismo a los 45 años, que fue cuando me llevaron a la universidad de las adicciones en Minnesota. Al relatar mi vida al instructor le conté que había visto el cadáver mermado de mi padre; él me preguntó qué edad tenía él cuando murió. ‘45’, dije yo. Me dice entonces: ‘¿No te das cuenta de qué haces lo mismo que él?’”, contó José José. https://www.instagram.com/p/ByxjmNjgGbR/ Ese precio por el pecado de su padre parecía inminente cuando le llegó la fama.“Me tomaba los cognacs que me ponían en el camerino para calentar la voz. Pero, ¿sabes que el alcoholismo empieza con una anforita?”, dijo a Telemundo en 2016, “comencé a beber por el frío, por el miedo, luego por las ganas y porque no pasaba nada, pero todo cambió hasta que llegué a pesar apenas 40 kilos”.

Inquietas compañías

En aquellos tiempos, tanto el alcoholismo como la drogadicción “empezaban en cualquier fiesta, con cualquier amigo”, dice por su parte Víctor Hugo Sánchez, periodista mexicano con más de 25 años en la profesión, quien vivió de cerca el estrellato de personajes como Lucía Méndez, Yuri y el propio José José, de quien fue amigo desde los años 80. “Yo mismo fui adicto a las drogas y llegué a compartir cocaína con José”, afirma. Cuando el cantante lanzó su primer disco Cuidado, marcó también el inicio de su relación con la socialité Kiki Herrera Calles. “Ella fue realmente quien lo introdujo en el mundo de la fiesta y el alcoholismo. Se la pasaban en eso”, recuerda Sánchez. Pero Ramón de Florez amigo de Kiki, dice que eso es mentira: “José José se hizo adicto para soportar las giras interminables, que no le eche la culpa a Kiki; ella era una mujer educada, divertida, sana, cuyo mayor error fue casarse con un muchacho inmaduro que no tenía nada en común con ella. Es muy querido por la gente y un gran cantante, pero él y Anel se dedicaron a oscurecer la imagen de Kiki, a quien su círculo le dio la espalda por ese matrimonio. Ella nunca fue esa mujer fatal que ellos retrataron en esa película producida por Carlos Amador (Gavilán o paloma, 1985)”.

José José

A Kiki y a la joven modelo Anel Noreña las conoció casi al mismo tiempo; Anel cuenta que la dejó por Kiki, aun cuando estaban enamorados. “Cuando Pepe se enferma de neumonía y cae en cama dos meses en un hospital de la ANDA, me llamó por teléfono para proponerme matrimonio; justo cuando firmó el acta de divorcio, yo supe que estaba embarazada de Pepito”.

Unión agridulce

Anel tenía una vida similar a la de Pepe: difícil y esmerada. Era parte de una familia grande, con un padre abusador; creció en la capital pero en su pubertad se mudaron a Tijuana, de ahí, su madre se fue a Los Ángeles recomendada para trabajar en la mansión de un expresidente de Estados Unidos en Beverly Hills, “teníamos un estilo de vida muy padre, pero éramos las chachas”, recuerda. A los 15 años, la señora de la casa la llevó con un médico que le recetó pastillas para adelgazar. Funcionaron y durante años Anel las consumió, “lo que me causó trastornos hormonales y muy mal genio”. Con nueva imagen, ganó un concurso de belleza latina cuyo premio era viajar a México. Aquí se quedó, en una agencia de modelos, y comenzó su carrera. Participó en la inauguración del Estadio Azteca con el locutor Pepe Alameda, trabajó en el programa de variedades de Mauricio Garcés y en 1966 debutó en cine. “Fue padrísimo, pero con claroscuros, como ya lo he platicado antes: con mucho peligro, tentaciones y sometimiento, todo con tal de seguir y de mantenerme cuando no había trabajo”, recuerda Anel. https://www.instagram.com/p/BQgiRp7BcvM/ Cuando se enamoró de José José su vida cambió, pero a decir de los conocidos de la pareja, también la de él. “Anel le ofreció una vida familiar que él nunca había tenido”, cuenta Olga Breeskin, amiga de Anel. Pepito nació en 1975 y Marysol en 1982. Vivían en la colonia el Pedregal y los niños asistían a un excelente colegio al que José José acudía regularmente. Solía ir a verlos nadar a la Acuática Nelson Vargas, mientras que Anel iba diario a recogerlos y atendía a su suegra, doña Margarita. “Un domingo en su casa era como el de cualquier otra familia: veían el futbol americano, pedían antojitos, comían en la cocina, viendo la tele. Hacían fiestas infantiles y ella, en general, era una mamá entregada; él era un papá presente, dentro de lo que podía, en medio de giras y conciertos”, dice por su parte Mireya Garza, amiga de la infancia de Anel, con la que se reencontró en esta etapa familiar. José parecía un hombre sobrio, “pero no siempre, no era así todo el tiempo”, cuenta Anel. Además, había un problema importante, que su voz ya no era la misma, dice el periodista Heriberto Vázquez, “si escuchas Secretos, ya en los 80, es notorio, pero notorio el deterioro de su voz al escuchar cómo ya no alcanza los tonos altos y sus largas notas sin respirar, algo que sí lograba en la década de los 70”. https://www.instagram.com/p/BK_qCDijPyH/ Corría el año de 1988. Sari Bermúdez, entonces conductora de televisión, fue a casa de los Sosa-Noreña para hacer una entrevista, en la que Anel habló de lo felices que “hemos sido en esta casa en la que ya tenemos 10 años”. José José se unió a media transmisión, para decir que trataba de pasar tiempo de calidad con su familia, “el otro día que hablé no le reconocí la voz a Pepito, ya habla como adulto, fue bien duro, pero pues, esta profesión así lo exige y es trabajo para mi familia”. Esas sonrisas no eran del todo genuinas, su matrimonio estaba lleno de altibajos y la estabilidad de “Pepe” también. “Pasábamos dos meses trabajando con él en sus cinco sentidos y dos meses de sanatorio porque estaba alcoholizado, y los niños no lo podían ver”, afirma Anel, “a veces había otros dos meses de paz, pero siempre estábamos así; incluso después de divorciarnos, no lo encontraba, nunca lo encontraba para hablar con él porque me contestaba la asistente; después se perdió”. Si bien Pepito ya se daba cuenta de la situación, su hija Marysol Sosa recuerda poco de aquellos momentos dolorosos, “pero claro que nos afectaron”, dijo al programa cristiano Vivencias. “Mi mamá tenía muy mal carácter y siempre estaba de malas, y así como mi papá desahogaba sus vacíos y frustraciones con el alcohol, mi mamá hacía lo mismo con la comida. Se comía todo un paquete de donitas Bimbo y cuanta garnacha le pusieran delante”, mencionó Marysol.

¿Qué se perdió en el camino?

Víctor Hugo Sánchez suscribe la versión que acusó el propio cantante sobre el inicio de su debacle física: Cuando el hermano de Anel, que era su administrador y albacea, le robó todo su dinero, en contubernio con ella. “¿Te imaginas que el amor de tu vida, que quien te ha salvado, sea también quien te despoje de todo lo que has logrado con tu talento?”, dice el periodista, “ahí fue cuando volvió al alcohol, porque cuando eres un adicto sólo buscas pretextos para regresar”. Aquí fue donde se construyó la leyenda oscura del héroe trágico del romanticismo mexicano: José José, quien llenaba el centro de espectáculos El Patio, que se presentaba en Siempre en domingo como la más grande voz de Latinoamérica y que vendía millones de discos en todo el continente, vivía la vida de un junkie. “Salía de la cantada y me iba de farra. Amanecía en el coche con el esmoquin todavía puesto. Me despertaban los comentarios de la gente que pasaba, se preguntaban ‘¿es ese José José?’. Sí, era yo, ahogado de borracho en un taxi o en una banca, cerca de mi casa de la infancia”, relató en sus memorias. https://www.instagram.com/p/BEcIZI6Aswm/ El libro Esta es mi vida (de editorial Grijalbo) es un balde de honestidad brutal, pero escrita con una candidez que lastima; leer los más indignos instantes de su vida, que el resto de los seres humanos esconderíamos bajo el silencio de la memoria o un libro de ficción, lo hace entrañable. “Fue una catarsis que me sirvió para desahogarme y despojarme de algo que tenía muy guardado”, explicó el cantante. De los años 1991 y 1992 José José dijo que sólo tenía “recuerdos borrosos”. En 1992, en un festival de la canción en Puerto Vallarta, se subió borracho al escenario y dijo impertinencias al presentar a Marco Antonio Muñiz, según rememora Víctor Hugo Sánchez: “pero por entonces, la prensa era otra: nadie dijo nada, lo respetábamos tanto que no publicamos la situación. Después, él aceptaría públicamente que tenía un problema de verdad”.

Amigos entrañables al rescate

Los peores momentos de José José, hasta 1993, supusieron intermitentes periodos en los que nadie sabía nada de él, hasta que una de esas ausencias se alargó durante meses. “Pasaron dos años y nadie sabía dónde estaba”, cuenta Ricardo Rocha. Lo rescataron Rocha, su mánager de entonces Darío de León y la productora teatral Tina Galindo. Era 1992. “Una mujer nos llamó para decirnos que estaba viviendo con unas enfermeras en un departamento en Tulyehualco. En todo el tiempo en el que estuvo perdido y tratamos de rastrearlo, llegaban toda clase de rumores, ninguno verosímil; esta llamada anónima parecía la más coherente, porque nos daba señas exactas y una dirección. Fuimos y efectivamente, ahí estaba en ese departamentito, en condiciones deplorables. Lo recogimos y lo llevamos a rehabilitación”, relata Rocha.

Reaparece José José en público

Durante un año estuvo internado en un centro de tratamiento de adicciones de la Fundación Hazelden Betty Ford, en Minnesota. La anécdota que José José contó en su libro al respecto, fue que llegó al centro y le dijeron que a partir de la recepción ya no iba a volver a ver un gramo de coca o una gota de alcohol, así que se metió al baño e inhaló los últimos dos gramos de cocaína que traía. Tina Galindo pagó la rehabilitación de su bolsa, mientras que Marco Antonio Solís, El Buki, cubrió el costo de un tratamiento especial para las cuerdas vocales, cuando salió. En 1994 regresó a los estudios y se fue a radicar a Miami, donde conoció a la cubana Sara Salazar, su actual esposa. “Yo no lo conocí en su apogeo, ni con dinero; estaba tratando de recuperar una carrera y por eso se vino para acá; yo lo recogí sin nada y así me enamoré de él y lo ayudé a levantarse”, afirma Sara. Ese cambio de vida le hizo bien, estaba tranquilo y económicamente activo; ella se convirtió en su nueva mánager, se compraron una casa en Coral Gables y tuvieron una hija, Sarita.

Dolor por Marysol y Pepito

En México, mientras tanto, había problemas mayores. Aunque Marysol lo negó rotundamente, circularon rumores de que se había vuelto aficionada a la bebida durante su adolescencia, además de que en 1997 tuvo cáncer en el cuello. “Me salió una bolita y la dermatóloga le dijo a mi mamá que me la iba a sacar y luego la mandaría a patología. Era cancerígena, pero ella y Pepe decidieron no decirme nada. Un día llegó mi papá a la casa para verme y no soportó más, entonces me dijo que tenía cáncer y me quedaba poco tiempo de vida; se desmoronó”, cuenta Marysol. Ese horrible susto le duró a la familia Sosa-Noreña unas semanas, en las que el oncólogo descartó la fatal opción. “Eso fue lo que me llevó a ponerme a los pies de Cristo, donde mi mamá ya estaba”, rememora Marysol, a cuya boda no asistió su padre, por compromisos de trabajo. “Y no me enojo ni le tengo rencor por eso; mi papá es la misma maravillosa persona que ves en el escenario y que se levanta de la cama un domingo. Lo adoro y lo respeto por eso”, dijo en 2017. https://www.instagram.com/p/BDD9JfAAs2s/ Anel se había convertido al cristianismo por medio de una amiga llamada Marycarmen, quien la acercó con una familia de pastores. “Les dije, ‘estoy destrozada y perdida’, y su respuesta fue: ‘Sólo así llegamos todos al camino de Jesucristo’ y es verdad, yo no había encontrado la manera de sobrellevar la vida con José, la del problema fui yo que siempre me sentía la víctima. Él nunca me exigió que fuera perfecta ni delgada, y cuando yo se lo pedí él me pagó al doctor y de todos modos no bajé; fuimos a terapia 13 años y nunca quise soltar mis reclamos.... Yo admito que fui cobarde y egoísta al divorciarme, no sólo fue su adicción lo que nos separó”, dijo en 2016, en una entrevista televisiva en Estados Unidos, donde pedía una reconciliación con José. Aunado a esto, en enero de 2006, Pepito acusó en una revista que su papá no los apoyaba, específicamente, se dijo dolido por las constantes declaraciones de José José en contra de Anel con comentarios que cita El Universal, tales como: “No fui el amor de su vida, sino la chequera de su vida” y “ella deseaba que yo no me levantara para poder decirle a nuestros hijos: ‘Mira al alcoholicazo de tu padre’. No le di ese gusto”. José José dio una conferencia de prensa en abril de ese mismo año para desmentir haber dicho que “Pepe estuviera muerto para mí”, que simplemente le solicitó que se hiciera cargo de los 10 mil dólares mensuales que José José enviaba a Anel desde su divorcio, “pero juntar esa lana está difícil... Pepe ya tiene 30 años y le dije: ‘Hijo, deja el pasado atrás y sé feliz sólo por hoy’. José Joel está perdonado, pero no pienso hablarle hasta que no encuentre el equilibrio que perdió los últimos meses”. Eso devino en un distanciamiento que ya existía con Marysol, “a mí me dolió mucho verlo con otra señora, sin habernos avisado”. Finalmente, las aguas volvieron a su cauce entre los hijos mayores del Príncipe, hasta que Cristian Castro lanzó su disco homenaje y algunos medios de comunicación publicaron que Pepe volvió a quejarse de falta de apoyo, “pero la verdad es que a las disqueras no les interesaba la carrera de Pepe; a mí me consta que José lo llevó con Emilio Estefan, quien intentó colocarlo por todos los medios y no quisieron ayudarlo”, dice Víctor Hugo Sánchez.

Las enfermedades naturales

Años después, el Príncipe enfrentó su peor miedo: perder la voz. Eso implicó la inminente pérdida de ingresos; ahora sólo le quedaban sus ahorros y regalías. Pero, ¿por qué la perdió? El cuerpo cobró la factura de las adicciones, más las nuevas enfermedades. La primera de ellas apareció en 1994, una diabetes tipo 2 (nefropatía diabética) que le provocó, a su vez, una retinopatía (derrame de sangre que nubla la vista) en el año 2009. “Nunca había ido al oftalmólogo, por eso le recomiendo a la gente con diabetes que lo haga; casi pierdo la vista”, comentó entonces. Durante los siguientes años utilizó un tratamiento de cortisona, que le provocó sobrepeso y el cierre de las cuerdas vocales en varias ocasiones, hasta que a partir de 2014 comenzó a ingerir medicinas homeopáticas y una dieta orgánica y vegana. También dijo haberse acercado a dios de la mano de Sarita, “lo cual me permite sentirme sano del alma”, dijo en una entrevista en Miami. https://www.instagram.com/p/BG79bvkAs84/ La segunda afectación importante fue la enfermedad de Lyme, de la que supo en 2007, cuando una parálisis facial y del lado izquierdo del cuerpo lo sorprendió el 6 de junio de ese año. Este mal es provocado por mordidas de ratas o garrapatas “que me habrán mordido en esos años de teporocho en los que amanecía en la calle”, dijo en entrevista en 2014. La enfermedad afectó al ojo, la faringe, el pulmón, el estómago e intestinos. Ya no podía hablar bien, caminaba con muchos trabajos y se deterioró físicamente. El destino trágico lo alcanzaría, de nuevo, en 2008, cuando su esposa Sarita sufrió un derrame cerebral, el cual quebrantó la economía de la familia. José José vendió su casa en Miami y remató un Rolls Royce, se mudó a una zona menos cara (a un departamento en Key Biscayne) y organizó una recaudación de fondos al convocar a sus fans a que se tomaran una foto con él por una módica cantidad, “para ayudarme a pagar el hospital de Sarita”. Este procedimiento de ayuda lo replicó en las siguientes presentaciones, incluidas las dos actuaciones especiales que hizo en la Ciudad de México. En todas, el público respondió.

Estoy jodido de todo

Pero lo más difícil apenas comenzaba. 2013 fue un año durísimo para él. Hacienda lo requirió por evasión de impuestos, de la que tampoco estaba al tanto por su “ignorancia para administrar, nunca se me dio el dinero”. Se vio en la necesidad de dar shows en provincia para liquidar el adeudo fiscal. El trajín lo obligó a operarse de una hernia en la ingle y mientras se recuperaba, cayó del escenario durante un concierto que ofreció en Querétaro, a un metro del suelo. En 2014 volvió a escena, pero de nuevo cayó en depresión porque su hija Sarita, de entonces 18 años, anunció que se iba a vivir con su novio Yimmy (con el que se acabó casando posteriormente y que es el padre de su hijo). Parecía que la vida no le daba tregua a su sensibilidad. https://www.instagram.com/p/BLRrwUXD-h7/ “Yo no tengo dinero, nadie lo cuidó por mí”, dijo el cantante en entrevista con La Jornada en 2014, precisamente, previo a un concierto en el Teatro Metropolitan para festejar 50 años de carrera, recinto en el que se volvería a presentar en 2016 para conseguir dinero. “Los artistas viven de hacer shows”, dice Chucho Gallegos, “no ganan dinero por vender discos, si él no tiene shows, no gana nada”. Excepto el libro, José José nunca accedió a vender información por dinero. En esa sincerísima entrevista para La Jornada, como todas las que daba, confesó: “¡Estoy jodido, la verdad! ¡Estoy jodido y voy pa’ viejo!, dice el dicho. ¡Está bueno! ¡Jodido, pero estable! Tuve una lesión en la pierna, me tuve que operar y me colocaron una prótesis. Eso me pasó a los 32 años y no podía bajar de los coches. Tenía que jalarme la carne y que se me acomodara el fémur para empezar a caminar. Pero ahora, con la diabetes, ya casi no puedo ver. ¡Traigo unos lentesotes (sic) y una lámpara! ¡Me digo que me voy a portar bien! El día que no puedo caminar saco la andadera. ¿Qué hago?”. En su libro también admitió que en 1980 se puso una pistola en el paladar –como el poeta romántico José Zorrilla–, pero al jalar el gatillo no funcionó. “Fue una señal de que no me tocaba irme todavía”. El periodista Arturo Cruz le cuestionó si después volvió a pensar en el suicidio, José José dijo que no, “de más joven sí, pero la vida te da otro panorama y desde entonces, nunca más, porque siempre llega algo o alguien que te salva de esa decisión”.

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