María Luisa Fernández Dávalos, una mujer que desafió su época

Amante de la danza, sembró en su familia el amor por las bellas artes, el cual comparte con algunos de sus hijos y nietos como Isaac y Esteban Hernández

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Jorge Soltero

A sus nobles 90 años, María Luisa Fernández Dávalos, cuya vida parece sacada de las páginas de una novela de época, sigue irradiando vitalidad, lucidez y una pasión inquebrantable por la vida, y todo gracias a una única y fascinante fórmula: el baile. “Cuando la tristeza se asoma, pongo música y me entrego al baile. Los huesos se moldean con la flexibilidad, ¡es lo máximo!”, comparte con una chispa de alegría.

Desde sus tiernos seis años, María Luisa se aventuró en el mundo del baile. El tap, con su ritmo singular, fue su elección audaz y precursora en una época en que las mujeres eran mayormente relegadas a los roles de amas de casa y madres, sin esperanza de una carrera profesional, mucho menos artística.

Su innegable talento la llevó a iluminar los escenarios de diversos teatros, al tiempo que compartía sus conocimientos de baile mediante clases de tap, gimnasia rítmica y stretching, dejando su huella en los estudiantes del Colegio Victoria en Guadalajara, su amada ciudad natal.

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El American School Foundation de la Perla Tapatía fue prácticamente su alma mater; desde el kinder hasta graduarse como Secretaria Bilingüe, María Luisa forjó su camino. Con esa sólida base técnica, se sumergió en el mundo laboral en Mexicana de Aviación, escalando peldaños en el Departamento Express. “Eran tiempos en que los viajes eran gratuitos, así que después de casarme, pude explorar el mundo”, recuerda con una nostalgia encantadora.

A los veinte años, unió su vida a la de David Alfonso Fernández García, un español migrante de familia acomodada y arraigada en tradiciones antiguas. De esta unión, nacieron ocho hijos (María Luisa, Laura Elena, David de Jesús, Susana del Carmen, Carlos Alberto, Jorge Ernesto, Adriana Marina y Martha Gabriela), cada uno trazando caminos únicos, desde la medicina hasta el comercio, pasando por la danza y la industria restaurantera.

A lo largo de su vida, María Luisa desempeñó múltiples roles: maestra de inglés, vendedora de seguros y casas, supervisora de ventas por catálogo, y simultáneamente fundadora de una academia de baile. Durante 25 años, impartió clases de balle
clásico, bailes de salón, tap natación, clavados, gimnasia rítmica y olímpica.

Tres de sus hijas se dedicaron al ballet clásico, y la cuarta fue moldeada como gimnasta olímpica. María Luisa ostenta con orgullo el título de abuela de Isaac y Esteban Hernández, ambos hijos de Laura Elena. En 2018, Isaac se convirtió en el único mexicano en ganar el prestigioso premio Benois de la Danse, considerado el Oscar de la Danza.

A los 48 años, mientras viajaba en su automóvil, sufrió un grave accidente en carretera con fracturas expuestas en extremidades y lesiones cervicales. A pesar del pronóstico de invalidez, demostró su inquebrantable fuerza de voluntad y, en un año, estaba caminando en busca de nuevos retos y metas. Replanteó su vida, comprometiéndose a dedicarse al servicio de los demás, un pacto sellado con Dios.

Su primer matrimonio duró 58 años hasta que falleció su esposo. Tiempo después, a los 81 años conoció a un veterano de guerra y contrajo segundas nupcias. Sin embargo, esta unión duró solo dos años porque volvió a quedar viuda. “Dios siempre ha guiado mi destino, y a Él le confío las riendas de mis últimos días. Mientras me retiro, quiero ser un instrumento de alegría y esperanza para mi familia y mis semejantes, y continúo bailando”, concluye con una sonrisa María Luisa Fernández Dávalos, una mujer adelantada a su época, cuyo baile sigue resonando como un himno de vida rodeada por sus ocho hijos, 26 nietos y 14 bisnietos.

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