Desde el sonido de las gaviotas emitido desde las cuerdas de la chelista, hasta la sutil profundidad de un corazón roto. Con su hermana Marimar Vega en las primeras filas del público, Zuria entregó, en la noche de estreno, una interpretación desgarradora, probablemente de las más melancólicas jamás vistas en Siete Veces Adiós.
Cuando nace el amor frente a nuestros ojos
Es en el primer acto, durante sus primeros minutos en el escenario, cuando Él y Ella suben a una plataforma giratoria durante un número musical que los envuelve, para permanecer en silencio mirándose, en un momento casi mágico, donde ambos —en segundos— “se enamoran”, aunque sea por las siguientes dos horas.
Esta obra la conocí con Nacho, y sí es una obra donde se hacen pactos de acuerdo. [...] Yo creo que Siete Veces Adiós, en una palabra, es: nostalgia.
Es curioso que, en una obra de teatro con un guion magistralmente escrito (con el corazón roto) por Alan Estrada, en colaboración con Salvador Suárez, no cambie como elenco, pero sí se transforme a través del actor y actriz que le dan vida. Con personajes tan profundos y al mismo tiempo tan simples, funciona casi como un lienzo en blanco para aquellos que se meten en la piel de Él y Ella, en este caso: Nacho Tahhan y Zuria Vega.
No es exclusivo de una pareja, a mí me han roto el corazón amigas, pérdidas, muertes… creo que cómo transitas un duelo y cómo saber irte de un lugar hace la diferencia en cómo lo vives después.
Romper para sanar
Al final de la intensa y poderosa noche de estreno, Ella le responde algo poderoso a Él cuando asegura que ambos se hicieron mucho daño. El personaje de Zuria responde con el alma: “Nos hacemos”, como si ambos se moldearan el uno al otro. Es interesante, siendo que al principio de la obra el personaje de Nacho menciona que el color favorito de Ella es el índigo, y durante toda la obra lo vemos usar prendas de este color durante su lucha por recuperarla. Al final, después de la ruptura, los vemos vestir sus propios colores: Él con tonos rojizos y Ella con su precioso saco índigo.
Esta es una historia que ha tenido éxito en el teatro mexicano por más de cuatro años, algo que en nuestro país es un acontecimiento casi milagroso. Hemos tenido el privilegio de verla transformarse a lo largo de los años, pero sin duda lo que sucedió esta noche es imperdible para aquellos que tienen el corazón roto o que solo quieren un poco de polvo de estrellas.