El evento fue seguido por millones de personas en todo el mundo a través de transmisiones televisivas y digitales, convirtiéndose en uno de los acontecimientos mediáticos más importantes de la década.
La ceremonia religiosa estuvo marcada por la tradición y el protocolo de la monarquía británica. Kate Middleton lució un hermoso vestido de novia diseñado por Sarah Burton para Alexander McQueen, acompañado de la icónica tiara Cartier Halo, prestada por la reina Isabel II, Por su parte, el príncipe William vistió el uniforme de los Guardias Irlandeses, mientras que su hermano, el príncipe Harry, fungió como padrino y Pippa Middleton, hermana de la novia, fue dama de honor.
La música y la liturgia también fueron cuidadosamente seleccionadas. Durante la ceremonia se interpretaron piezas clásicas y contemporáneas, incluyendo obras de compositores británicos.
Tras casarse, la pareja realizó un recorrido en carruaje por las calles de Londres hasta el Palacio de Buckingham, donde protagonizaron uno de los momentos más recordados: el saludo desde el balcón y el tradicional beso ante una multitud de simpatizantes. Las celebraciones incluyeron dos recepciones oficiales, una ofrecida por la reina Isabel II y otra más privada organizada por el entonces príncipe Carlos.
El enlace fue considerado por muchos medios como “la boda del siglo”, por la unión de un heredero al trono y una mujer de origen no aristicrático.