Mónica Lavín nos platica de su nuevo libro, de su pasión por la escritura y la IA

A propósito del lanzamiento de su último libro “La ausencia”, platicamos con la escritora Mónica Lavín, autora de reconocidos títulos como la antología de relatos cortos “El lado salvaje” y la controversial novela sobre Sor Juana Inés de la Cruz, “Yo, la peor”.

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RUI ORTIZ

Presentada en la edición más reciente de la FIL Guadalajara, esta nueva historia conjuga el presente de una escritora falta de inspiración y un grupo de autoras que se encuentran en una residencia literaria en Estados Unidos, quienes pronto se verán envueltas en un mistero, mismo que develará emocionantes secretos.

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Por Samuel Reyes

Samuel Reyes: Gracias por el tiempo, Mónica. Me gustaría iniciar tomando tu papel en la docencia, sé que has dedicado años de tu trayectoria profesional a formar, a guiar a las nuevas generaciones de escritores, ahora que existen todas estas herramientas de inteligencia artificial ¿cómo percibes que se va a seguir desarrollando en el futuro la labor del escritor o de la escritora?

Mónica Lavín: A mí me gusta usar el verbo acompañar, una acompaña ciertos deseos de otros, inquietudes de ser escritores, una acompaña y orienta. Es lo que uno puede hacer desde su experiencia. Además de que ésta no es la única que hay y que yo creo que es sólo parte de con lo que una puede contribuir, así como yo a mi vez también tuve alguna orientación y siguen orientándome libros, conversaciones, todo, porque no se acaba, esto no se acaba, siempre estás en búsqueda, en riesgos, en experimentación. A veces me da miedo. Ya dejé de dar clases en la universidad donde daba, pero doy mis talleres de narrativa que me encantan de manera particular o a veces me invitan a alguna otra institución. A veces me da miedo mi propio pensamiento, cuando noto que alguien que no escribía muy bien, en el sentido de una redacción clara y de repente llega con un texto bien escrito rápidamente me da por sospechar y me parece horrible de mi parte, ¿me entiendes? Pero sé que existe esta herramienta y entonces ya empiezo a ver que cuando en el mercado hay libros producidos con mucha velocidad por alguien que no tiene mucha experiencia, empiezo a sospechar si no sería generado por la inteligencia artificial, si no están hechos por ésta. ¿A qué nos vamos a enfrentar? A una empobrecimiento, porque imagínate esta información, parte verdad, parte falsa que se nutre a sí misma y que no tiene nuevos aportes, ni nuevas vertientes, ni aventuras, ni estilos, ni miradas. Empieza a ser una misma. Creo que la inteligencia artificial en el área creativa puede conducir a eso, a repeticiones, a que se pierda el verdadero sentido del hallazgo de la emoción estética. ¿Cómo vas a conseguir la emoción estética? Eso no nada más es la estructura correcta. ni la redacción correcta, ni ciertos puntos que hay que resolver cuando narras. La emoción estética está en otro lado, algún hallazgo, como García Márquez, cuando sus libros nos cuentan de otra manera las cosas. Por ejemplo, la poesía, no sé si alguien ha hecho el experimento, seguramente sí. La inteligencia artificial escribe también poemas basados en otros.

SR: Posiblemente basado en rimas, sólo en encontrar palabras que rimen.

ML: Pues nos empobrecen a todos, porque si de por sí siento que el mercado editorial necesita vender libros, a veces tiene que publicar cosas que simplemente no tienen una altura literaria, pero de que hay material, hay. Recuerdo cuando los de autoayuda estaban muy de moda, hay tanto fantasy, fantasy que repite moldes, en los que le cambian ciertas cositas y sucede… bueno, es un mismo tablero y con ciertos cambios. Creo que el peligro es que empobrezcamos nuestras propias expectativas, nuestra sed de descubrimiento y sed de belleza, sed de crítica y sed de riesgo.

SR: Fue Luis Camnitzer, quien es artista y además catedrático, quien hace poco en una serie de pláticas que dio aquí en México decía justamente lo que ahora me comentas, que gran parte o que el gran problema del uso de la inteligencia artificial para los profesores y las profesoras es que presenta un problema de desconfianza ya de ambas partes, en las que se deja de pensar que alguien mejoró por que le echó muchísimas ganas y se puede asumir automáticamente, de manera muy posible, que esta mejora se debe a la intervención de un mecanismo de inteligencia artificial. Ese tema va generando una desconfianza que a la vez va erosionando una relación no entre la maestra y el alumno y viceversa ¿no?

ML: Claro, lo cual es perjudicial para ambos lados.

SR: Totalmente, y por cierto, me ha sorprendido muy gratamente la labor que realizas de forma constante en la educación, los cursos que tienes también en tu sitio web de cómo desarrollar historias, cómo escribir, todas estas herramientas, de una manera bastante generosa para las personas que quieran empezar a descubrir esto y pues muy adaptada a la realidad actual en la que sabemos que posiblemente entre el tráfico, los compromisos de toda índole, la gente ya no puede dedicarle a asistir presencialmente a un taller o a un seminario una vez ó 2, 3 veces a la semana ¿Cómo surge, Mónica, esta inquietud de compartir esos conocimientos?

ML: Para mí, es tan elemental el mecanismo de un taller, porque importa el factor humano, porque es la experiencia del escritor dándote herramientas pero ajustadas a quién eres tú, al tipo de texto que has escrito, para que puedas entender cómo hacerle para lograr lo que quieres lograr. Entonces, bueno, a mí ese encontrar, porque no se trata de que se imponga el estilo ajeno o la manera en que la persona escribiría una novela o un cuento. Se trata de proveer de una herramienta que genere en quien está escribiendo esa capacidad de entender el mecanismo de enamorarse. Hay algo que a mí me ha pasado en el tiempo, que es enamorarme con más fuerza de la calidad de la prosa, o sea, del encuentro de la palabra precisa y de la música del texto, porque cuando yo leo y encuentro eso, me produce un gozo que me gratifica mucho y entonces yo quiero contagiar de eso a quien escribe. Me gusta la gente y me interesa y curioseo porque cada cada persona que va, por ejemplo, a un taller mío, tiene su propia historia y viene de una experiencia de vida además la historia que está escribiendo. Entonces hay un mundo que se enriquece con la pluralidad. Es un crecimiento que me asombra cuando alguien que asistió a mi taller ya llegó a publicar un el libro, es muy emocionante. Me gusta esa sensación de logro, del logro del que va y de la manera en que no sea un logro mío, sino que ojalá haya podido acompañar o haya servido de algo el acompañamiento. Y luego, finalmente, también es tan solitaria la tarea de escritura, tan incierta… que es bonito sentirse acompañada por otros que quieren hacer lo mismo.

SR: Lo imagino. Bueno, es muy lindo lo que dices sobre el oficio de escribir como una labor comunitaria, pues cada vez perdemos más la conexión humana, es decir, compartimos todo el tiempo pero por medio de una pantalla…

ML: Mi taller, que era en vivo, después en la pandemia se volvió virtual y se quedó virtual porque ya nadie quiere cruzar la vida urbana aquí en la Ciudad de México, pero ¡cómo se añora lo presencial! Entonces de repente tenemos encuentros, incluso publicamos un libro colectivo autogestado por el grupo, también eso fue un aprendizaje. Esa parte comunitaria en donde yo veo que ellos ya crearon su propia comunidad, aunque yo no esté, me parece muy agradable.

SR: Estoy de acuerdo, y bueno, ya entrando de lleno a este lanzamiento de tu libro “La ausencia” ¿De dónde surge esta idea de escribir sobre tres escritoras reales (Carson McCullers, Katherine Anne Porter y Eudora Welty), sobre una desaparición y un misterio, retomados desde otro punto de vista muy actual, cómo se empieza a gestar esta historia?

ML: Viene de 2 vías, una que tiene que ver con el tema, porque siempre me han gustado estas escritoras, pero un día descubrí que habían estado en una residencia literaria al mismo tiempo, en una residencia donde yo también estuve en el año 2015, la cual todavía existe, es un lugar en el estado de Nueva York, cerca de Saratoga Springs; no sabes qué lugar, qué experiencia tan hermosa fue ir a escribir ahí. Te puedes ir desde dos semanas a dos meses. Yo me fui más de un mes. Y bueno, ahí han estado escritores todos, desde Capote a una plana muy amplia de poetas, de narradores, de dramaturgos que han pasado durante su vida por ahí y siguen pasando, porque es una manera de concentrarte en tu trabajo. Es un lugar de mucha tradición. Bueno, me había encantado la experiencia, pero un día, revisando la historia de este lugar, me di cuenta que coinciden, que coincidieron las tres el mismo año, en el mismo sitio, están en la misma fotografía estas tres escritoras que me interesan… que escribieron cuentos, pero también novelas entonces digo, ¡ay, estuvieron juntas al mismo tiempo! Y me emocioné. Este simple hecho me emocionó y como las había leído, empecé a indagar en sus vidas y de repente eso, junto con un cuento de “El lado salvaje” que se llama “El deprimido”, donde mi personaje pasa de un lado y se va al pasado y pasa del otro y vuelve a al presente, ese estilo de texto fantástico que yo nunca había escrito, porque siempre he escrito de forma muy realista, me gustó mucho, e intuí que al escribir ese cuento yo estaba inaugurando en mí algo, una faceta más libre, más juguetona, con la posibilidad de eso, del viaje en el tiempo. Entonces ahí junté esa inquietud con que estuve donde estuvieron ellas y pensaba, qué conversaciones hubiera tenido, qué me hubiera gustado saber y así, reunido con mi otro temor, que es mi temor mayor, el cual no es no tener tiempo para la escritura, sino no tener ideas, que un día no tenga una historia, que me siente en la silla meses y años a escribir algo que quién sabe cómo te vaya a salir. Ese es un gran temor, creo que de la condición de del creador o del escritor. Porque además es un trabajo que requiere emoción, intelecto, pero también de una postura física, de energía, así que mi personaje Lavinia Melín no sabe de qué escribir y va a viajar en el tiempo a ver si ellas le ayudan a resolver este dilema. De ahí salió.

SR: ¿Lavinia Melín es un anagrama de Mónica Lavín?

ML: Es un juego conmigo, con mi temor y con mi edad también, aunque toda la historia de vida de Lavinia no se parece a la mía. Sí tuve un pasado científico, yo era bióloga, tiene algunas cositas de contacto conmigo, pero al pensarlo me dije: la tengo que diseñar, tengo que diseñarla. Claro, es de mi época, vive en la Ciudad de México, más o menos la misma trayectoria literaria, pero está en un dilema que yo no estoy. Esta novela y el juego con el tiempo, eso me interesaba mucho y Lavinia era mi permiso también para las relaciones familiares que siempre me han interesado. ¿Cómo marcan, definen, estorban, ayudan? ¿de qué estaba hecha Lavinia? ¿por qué llega la escritura? Que es la pregunta que yo también quiero hacerle a cualquiera que sea o pintor o bailarín, ¿por qué te dedicaste a esto? ¿de dónde salió? Bueno, aún de los escritores siempre me interesa saber cómo se les ocurrió un día dedicarse a esta incierta tarea de la escritura, o sea, nadie te garantiza que puedes vivir de ésta, nadie te garantiza que te van a leer, nadie, así es, es muy aventurero el asunto y Lavinia Melín era parte del juego. Mientras hablamos pienso, cuando platicábamos lo de inteligencia artificial, que al rato podría aparecer que Lavinia Melín sí existió.

SR: Sí, muy posiblemente.

ML: Otro tema que me interesaba es cómo, y esto lo podía contrastar muy bien con Katherine Anne Porter, quien estuvo en México después de la Revolución, que de aquí sacó sus ideas de cuentos que es realmente lo que la puso en el mapa de de la escena literaria estadounidense, es, digo, en este país convulso, donde pasan tantas cosas como los desaparecidos, las los feminicidios, las madres buscadoras, que a mí son temas que me pesan en el alma como un hierro ¿cómo no va a tener uno de qué escribir si hay estos temas así de desgarradores? Nos caen en la cara, no de una manera sencilla, sino brutal y frontal. Entonces también tratar de preguntarse de dónde salen los temas de la escritura, dónde están y por qué para unos sí son tema y para otro no. Entonces mi desaparecida Beth simboliza el tema de cuando alguien desaparece, qué onda, cómo podemos reaccionar, ¿no?

SR: Sí, qué complejo y tienes toda la razón, no es un tema nuevo, pero desafortunadamente cada vez nos enteramos más y cada vez ocurre con más frecuencia y también los motivos, desafortunadamente aquí en México han sido ya muy distintos. Entonces, bueno, creo que siempre va a haber muchos temas que explorar y creo que en tu manera de escribir tienes esa capacidad de podernos transmitir acertadamente esas emociones muy fugaces, porque me he puesto mucho a reflexionar sobre momentos efímeros, que luego cuando los vea dos semanas más adelante no va a ser nada, pero ahora es mi principal motivo de conflicto, ¿no? Y creo que eso lo transmites muy bien y evidentemente pues también con todo ese estilo en “La ausencia”.

Y en cuanto a otros aspectos de tu trayectoria, ¿cómo fue para ti la experiencia de recibir el premio Crónica 2025?

ML: Bueno, cuando me hablaron me sorprendió, supe de todas las personas que lo han recibido, que precisamente Julieta Fierro, a quien tanto admiré o admiro, como científica y divulgadora, lo recibió en 2024. Bueno, me pues me dio mucho gusto porque en cultura escogieron la creación literaria o lo que tiene que ver con la palabra, la escritura y pues que lo haya recibido yo fue muy bonito, muy emotivo. Yo venía regresando de un viaje, llegué a las cuatro de la mañana de ese día, estaba nerviosísima porque dije si el avión se retrasa, ¿cómo me voy a hacer? Porque llega una estesada, pero yo ya tenía mi boleto cuando me avisaron que recibía el premio y les dije, llego esa mañana, justo llego esa mañana. Entonces cuál jetlag ni nada, el premio, la ceremonia y todo me levantó. Me sentí muy acompañada, fueron muchos de mis talleres, que son muy solidarios, estuvieron conmigo ese día igual que amigos, igual que familia. Es muy estimulante y además pues se está hablando de que nunca hay una única verdad, la literatura es una lupa para mirarnos y para mirar a los otros y que en estos tiempos en donde hay narrativas que reducen todo a blanco y negro es muy importante que haya visiones científicas, artísticas, plurales y que tengamos la posibilidad de que eso establezca diálogos.

SR: Para concluir, ¿por qué los lectores, las lectoras, tendrían que leer “La ausencia”?

ML: Creo que la invitaría invitaría al lector a soñar en que a la posibilidad de viajar en el tiempo. Vamos descubriendo un misterio, hay un secreto, hay una desaparecida y unas mujeres escritoras que no saben qué hacer con eso y una escritora que quiere saber qué pasó y también encontrar una idea para la escritura. Entonces, en este espíritu del thriller, hay algo que descubrir y capaz de que lo descubrimos y ¿dónde están las pistas? Y por otro lado, existe la posibilidad de descubrir a 3 escritoras que existieron, que a lo mejor se les antoja leerlas, pero no es la idea principal, sino entender que un escritor siempre está negociando con la vida, es decir, la vida ocurre. Y en la vida pasan enfermedades, pasiones amorosas, hijos…

SR: ¿Qué viene para ti, Mónica? Ya a modo de cierre.

ML: ¿Qué viene para mí? Pues mira, ahora que me tomé un respirito y que ya a la novela no hay nada que hacerle, ya les toca a los lectores apropiarse de ella. Estoy ya pensando en mi próxima novela. Pero no se dice nada, nada más se dice que estoy pensando en la siguiente. Escribir es una forma de estar en la vida y es una forma vital y es una forma de doblegar al tiempo, incluso. Es una forma de estar vivo y que es lo que a mí me interesa estar con un proyecto que siempre es futuro, siempre es futuro.

“La ausencia” de Mónica Lavín, ya está disponible en físico y plataformas digitales.

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