Durante 45 días, 1 hora y 35 minutos, el océano fue su hogar. El cansancio, las olas, la incertidumbre y el silencio del Atlántico acompañaron cada remada de Eugenia, Ana Lucía, Andrea y Lucila, las cuatro mujeres que integran Oceanida, el primer equipo en representar a Latinoamérica en el World’s Toughest Row, una de las competencias de resistencia más extremas del mundo.
Partieron desde La Gomera, en España, y recorrieron 3,000 millas hasta Antigua, en una travesía que reunió a 43 equipos, 114 remeros y representantes de 20 países. Pero su historia no se mide solo en kilómetros ni en tiempo: se mide en propósito.
Cuatro mujeres, un mismo océano
Lucila Muriel
Desde Baja California Sur, convirtió su cámara en una herramienta para visibilizar el cuidado del océano, la igualdad de género y las causas humanas. Remar el Atlántico fue, para ella, una forma de amplificar voces que muchas veces no se escuchan.
Andrea Gutiérrez
La más joven del equipo, asumió uno de los roles más exigentes: la navegación y la seguridad. Con experiencia en travesías marítimas y trabajo a bordo de veleros y catamaranes, Andrea llevó al equipo con precisión y sangre fría en medio del cansancio extremo, demostrando que la preparación y la valentía también se aprenden.
Ana Lucía Valencia
Desde la montaña al océano, aportó una resistencia poco común. Caminó sola más de 4,200 kilómetros del Pacific Crest Trail, de México a Canadá, sin generar basura, y llevó esa filosofía ambiental a cada decisión dentro del bote. Su conexión con la naturaleza y su fortaleza mental fueron clave en los momentos más duros del cruce.
Eugenia Méndez
Al frente del proyecto estuvo, skipper y líder natural del equipo. Originaria de La Paz, Baja California Sur, con más de 20,000 millas navegadas y dos cruces previos del Atlántico, Eugenia combinó experiencia, visión y sensibilidad. Su liderazgo sostuvo al equipo cuando el cansancio físico y emocional parecía ganar terreno.
Un logro que va más allá del deporte
Cada remada también tuvo un impacto social y ambiental. Durante la travesía, el equipo recaudó fondos y generó conciencia para apoyar a Fondo Guadalupe Musalem, Sirenas de Natividad y Big Plastic Pledge, causas enfocadas en la educación, el empoderamiento femenino y la protección del océano.
Su resistencia nos recordó que las mujeres latinoamericanas pueden liderar, resistir y hacer historia en los escenarios más extremos del mundo.