México vivió un momento histórico en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 cuando Regina Martínez se convirtió en la primera mujer mexicana en competir en la prueba de esquí de fondo, una disciplina inédita para el país en la justa invernal.
Su participación marcó un antes y un después para el deporte nacional, abriendo camino en una disciplina tradicionalmente dominada por potencias europeas y norteamericanas. Más allá del resultado, Regina cruzó la meta con el peso simbólico de representar a México en un terreno donde pocas veces se ha visto su bandera.
El abrazo que dijo más de mil palabras
Al finalizar la prueba, el momento adquirió una dimensión aún mayor cuando la medallista estadounidense Jessie Diggins se acercó para abrazarla. El gesto, captado por las cámaras, fue interpretado como una muestra de respeto, sororidad y reconocimiento entre atletas, en un contexto internacional marcado por tensiones políticas y sociales.
México y Estados Unidos unidos sobre la nieve, recordando que el espíritu olímpico va más allá de las medallas y que el orgullo nacional también se construye a través de la empatía, la inclusión y los hitos que abren nuevas rutas para las siguientes generaciones.