El hermoso legado que Audrey Hepburn dejó dentro y fuera de Hollywood

Audrey Hepburn: Biografía, películas y muerte

Así fue como Audrey Hepburn conquistó el mundo más allá de Hollywood, conoce su biografía, vida, películas, curiosidades y actos benéficos.

Inteligente y generosa, Audrey Hepburn superó la fama del estrellato hollywoodense para pasar a la historia como una filántropa íntegra, que no por nada es considerada hasta hoy un verdadero ejemplo a seguir. Te interesa: Consejos de moda que aprendimos gracias a Audrey Hepburn

¿Quién es Audrey Hepburn?

De genealogía intrincada, su historia familiar es compleja debido a lo confusos que eran los registros de la época; pero el escritor Donald Spoto consiguió dar un panorama de sus orígenes en la biografía Enchantment: The Life of Audrey Hepburn, que publicó en 2006. Audrey nació el 4 de mayo de 1929 en Bélgica, Bruselas, bajo el nombre de Audrey Kathleen Ruston. Su madre, Ella van Heemstra, era una baronesa neerlandesa hija del barón Aarnoud van Heemstra, quien entonces era gobernador del territorio que hoy es Surinam. Era hermosa, rica y talentosa, descendiente del rey Eduardo III de Inglaterra y educada bajo los severos estándares victorianos, por lo que no le resultó difícil encontrar un esposo durante un viaje a Yakarta, Indonesia: Hendrik Gustaaf Adolf Quarles van Ufford. Pero cinco años después de la boda, él solicitó el divorcio por motivos que al parecer tenían que ver con otra mujer. A la baronesa no le quedó más que aceptar la separación y cuidar sola a los dos pequeños hijos: Ian Edgar Bruce y Arnoud Robert Alexander. Decepcionada, decidió no quedarse en el confort que le proporcionaba Holanda y volvió a Yakarta, donde se reencontró con un viejo amigo inglés: un atractivo hombre llamado Joseph Victor Anthony Ruston, 11 años más grande que ella y, además, casado, aunque en 1926 se divorció para contraer nupcias con ella. Tres meses después nació su única hija: Audrey, quien más tarde adoptó el apellido Hepburn debido a la abuela materna de su padre. No obstante, a Joseph la vida doméstica le aburrió desde el primer instante, así que escapó cuando Audrey tenía apenas seis años.

Audrey Hepburn

Foto: Pexels

Infancia de Audrey Hepburn

Audrey, jamás se repuso de la ausencia de la ausencia de su padre:

Nos abandonó, nos dejó inseguras para siempre, fue el momento más traumático de mi vida”, confesó tiempo después.

La niña creció bajo la dura disciplina impuesta por la baronesa, que si bien siempre mostró devoción por su hija, no era muy cariñosa. “Desde que nací he tenido una terrible necesidad de recibir afecto y de darlo”, declaró la actriz más de una vez en su vida adulta. Te interesa: Audrey Hepburn: la más imitada En su infancia se refugiaba en pasatiempos que nada tenían que ver con muñecas, sino con perros y gatos que protegía y, cuando era posible, con otros niños de su edad, aunque los juegos se limitaban por las reglas victorianas en las que trepar un árbol era un acto escandaloso. Pocos años después de la huida del padre, Ella consideró que su hija estaba lista para entrar a un internado en Inglaterra. Además, Joseph vivía ahí, y consideró que él podría visitar a Audrey. No obstante, apareció unas cuatro veces, y si lo hizo fue sólo porque le quedaba cerca un grupo de fascistas. Así, el vacío afectivo creció: “Si tan sólo lo hubiera visto con regularidad, me hubiera sentido amada”, se lamentaba Hepburn, quien decidió refugiarse en el ballet. Su sueño desde entonces fue convertirse en prima ballerina, pero estalló la guerra.

Su vida durante la Segunda Guerra Mundial

Era 1939 y la madre creyó que lo mejor era salir de Inglaterra y llevarse a su hija a la casa de su abuelo en Arnhem, Holanda, un territorio neutro en el que la llegada del Ejército alemán parecía improbable. Allí, todo lucía tan normal que cuando fue el cumpleaños de Audrey, su madre la llevó al ballet. Fue la última noche que pasaron en paz. Al día siguiente, las tropas se apoderaron de Arnhem y confiscaron la fortuna de la baronesa. Audrey aprendió holandés y fue llamada Edda van Heemstra para que pudiera asistir al colegio sin levantar sospecha sobre sus raíces inglesas, y vivió bajo esta identidad hasta 1945. Pasó cinco años en escondites, comiendo lo mínimo, presenciando fusilamientos (incluidos los de su tío y su primo) y enfermando casi de muerte debido a la anemia y a dificultades respiratorias. Para entonces, Ella apoyaba a la resistencia, permitiendo que Audrey sirviera de mensajera y, como si se hubiera tratado de un juego, cumplió con sus tareas hasta la liberación de Arnhem. Sobre sus recuerdos de esa época, decía que todo era como lo contaba Ana Frank en su diario (publicado en 1947).

Yo estaba afuera y Ana, dentro de los campos de concentración, donde yo no sabía qué pasaba. Pero era la misma guerra, teníamos la misma edad. El libro es como un espejo para mí. Leerlo me destruyó”, expresó en varias entrevistas.

Luego, en 1946, madre e hija fueron a vivir a Londres, donde la ambición de la joven era retomar sus estudios de ballet. Pero aunque era una alumna aplicada, la maestra le advirtió: los estragos que la guerra había hecho en su cuerpo eran imposibles de reparar. Audrey podía llegar a ser una buena bailarina, mas no una prima ballerina. Te interesa: La verdadera causa de la delgadez de Audrey Hepburn Sin embargo, su espíritu resiliente y los apuros económicos por los que pasaba la llevaron a buscar trabajos que la condujeron de manera natural a la actuación.

¿Cómo comenzó su carrera?

Entre 1949 y 1952 realizó papeles mínimos en películas inglesas, de las cuales la más conocida fue Monte Carlo Baby (1952), filmada en Mónaco, donde la novelista francesa Colette se había refugiado para pensar en la adaptación musical que harían en Broadway de su libro Gigi. Cuentan que cuando vio a Audrey, exclamó: “¡Ahí está mi Gigi!”, y pese a que no tenía experiencia en los musicales, Colette la convenció de ir a Nueva York para protagonizar la obra. A Audrey le pareció una increíble oportunidad. Su actuación en Broadway recibió halagos y la puso en el visor del mundo del espectáculo. Fue así como el director William Wyler dio con ella cuando buscaba a “una actriz desconocida” para la cinta Roman Holiday (1953).

Él quería a una chica cuyo rostro no conociera nadie y yo cumplía con el requisito”, bromeaba Hepburn.

Entonces la locura comenzó: la película se rodó en Roma con Gregory Peck y, ante todos, la estrella fue ella.

La cinta se asemejó a una suerte de amuleto. Fue durante ese rodaje que conoció al diseñador francés Hubert de Givenchy, quien se convirtió en su gran amigo y en el cocreador del “estilo Hepburn”. Además, la Academia le dio un Oscar por su actuación.

En aquel entonces no sabía bien qué era la Academia. Con los años, esa estatuilla se fue haciendo cada vez más valiosa para mí”, confesó en una de sus últimas entrevistas.

Asimismo, su mayor ambición era ser madre. Se sabe que en el rodaje de Sabrina (1954), se enamoró del actor William Holden, quien estaba casado, pero dispuesto a divorciarse para contraer nupcias con ella. Ella lo rechazó en cuanto supo que él se había hecho una vasectomía.

La imagen irónica de Audrey Hepburn

Estamos en una mañana de Nueva York a principios de los años 60. Es tan temprano que la Quinta Avenida, desierta, apenas ve su icónico paisaje gris interrumpido por un taxi. De la parte trasera del auto amarillo desciende una mujer de figura espigada, muy sofisticada, enfundada en un largo vestido negro adornado con un enorme collar de cuatro tiras de perlas y largos guantes al tono. No se puede ver completo su rostro porque unos enormes lentes oscuros cubren sus ojos. Entre el pelo recogido en un complejo chongo se asoma una brillante tiara que le da un toque infantil al atuendo que, por lo demás, rebosa elegancia.

Holly Golightly de Breakfast at Tiffany’s

Foto: Getty Images

Lleva en sus manos enguantadas una bolsita de papel de estraza blanco de la que, con el gesto de quien hace lo mismo con frecuencia, saca un pan dulce y un café. Y entonces come y bebe mientras observa las bellas joyas hechas con diamantes, de las que sólo la separan los vidrios del aparador de la tienda frente a la cual está. Es la legendaria joyería Tiffany & Co., y la enigmática mujer que se pasea con sendos vestidos de noche en las mañanas neoyorquinas, no es otra que la de la actriz Audrey Hepburn interpretando a Holly Golightly, uno de los personajes más famosos y cautivadores creados por el escritor estadounidense Truman Capote.

Breakfast at Tiffany’s (1961)

Con esta imagen, la escena inicial de la película Breakfast at Tiffany’s (1961), Audrey Hepburn alcanzó su momento cumbre en la cultura pop. Se inmortalizaron ahí, la novela de Capote y el vestido negro que diseñó para ella nada más que Hubert de Givenchy (y que, por cierto, la casa de subastas Christie’s vendió por casi un millón de dólares en 2006). Pero por increíble que parezca, ahora que su imagen está tan incrustada en la memoria colectiva, ese papel no era para ella, al menos no en la mente del autor de la novela homónima en la que se basa la

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Truman Capote y Audrey Hepburn

Amigo íntimo de Marilyn Monroe, Truman Capote deseaba que la explosiva rubia fuera su Holly, y que Hepburn se hubiera quedado el papel le parecía un error “viciado y patológico”. El punto de vista del autor era violento, pero algo válido: el personaje era el de una chica pueblerina estadounidense que buscaba a veces fortuna y otras escapar de sí misma, mientras trabajaba como escort, una actividad “vulgar” para una persona recatada como Hepburn. Pero sucedió que a Marilyn, quien de muchas formas se identificaba con el rol, no le emocionó la idea. Estaba cansada de hacer de “chica tonta”, y Holly, aunque glamurosa y de buen corazón, resultaba un poco boba de tan ingenua. Así que el papel se lo quedó Audrey, no sin que antes pasara por una dulcificación hecha expresa para ella: Holly aparece mucho menos sexual que en el libro, apenas y se hacen unos guiños a su trabajo como “acompañante de caballeros” y, a diferencia de lo que ocurre en la novela, renuncia a sus ambiciones y se enamora de un escritor tan pobre como ella, convirtiendo la historia en un cuento de hadas moderno que ha trascendido por casi seis décadas. Su papel de Holly Golightly la inmortalizó como un ícono de estilo.

Otras películas de Audrey Hepburn (filmografía)

Luego de inmortalizarse en películas como Funny Face, Breakfast at Tiffany’s, Charade y My Fair Lady, filmó en 1967 el thriller Wait Until Dark, en el que mostró su amplio rango histriónico tras interpretar a una mujer invidente y con la que marcó el final de su carrera de actriz de tiempo completo.

El director Billy Wilder decía que era tan perfecta que parecía que Dios la había besado en la mejilla. Ganó un Oscar en 1954 y a lo largo de su carrera estuvo nominada a cuatro más.

Vida sentimental de Audrey Hepburn

En 1954 encontró a quien parecía su pareja ideal, el actor Mel Ferrer. Compraron una hermosa villa en Suiza para descansar de Hollywood y después de un accidente que le hizo perder un bebé, Audrey se repuso y logró tener a su primer hijo, Sean. A su vida llegaron más éxitos y créditos compartidos con leyendas como Humphrey Bogart, Fred Astaire y Gary Cooper. Esto hizo que su esposo no soportara lo avasallador de su presencia y, celoso, comenzó a serle infiel. Se divorciaron, y tan sólo unas semanas después, Audrey se volvió a casar, ahora con el médico italiano Andrea Dotti, con quien tuvo a su segundo hijo, Luca. Sin embargo, el enlace también fracasó debido a las aventuras que él sostuvo durante su tiempo juntos. Te interesa: El amorío secreto entre John F. Kennedy y Audrey Hepburn

Su vocación como benefactora

Sensibilizada por sus hijos y por su infancia en la guerra, se dedicó a participar en obras humanitarias y no hizo apariciones en cine hasta unos ocho años después, cuando estelarizó Robin and Marian (1976) con Sean Connery.

Hepburn no lamentó su decisión de alejarse. Trabajó con la UNICEF, organización con la que ella se identificaba, pues ésta había nacido en 1946 para ayudar a los niños de la Segunda Guerra Mundial. Su vocación como benefactora al parecer le fue revelada con su rol en The Nun’s Story (1959), cinta basada en hechos reales que narra la historia de Marie Louise Habets, mujer de clase alta que se enlista como monja y enfermera para apoyar a los cuerpos médicos en el Congo Belga. Debido a su incapacidad de mantenerse neutral ante los atroces actos de los nazis, la “hermana Luc”, como era conocida, dejó los hábito

j0 Para interpretarla, Audrey la conoció, y eso cambió su modo de ver la vida. De pronto, el séptimo arte ya no era su pasión, sino un medio para revelar lo que ocurría fuera de Hollywood.

Si algo me ha dado mi carrera es reconocimiento. La gente quiere conocerme y hablar conmigo”, dijo a la periodista Barbara Walters. “El cine me permitió cosas extraordinarias, entre ellas recibir una gran atención que ahora canalizo a los niños”.

Muerte de Audrey Hepburn

En 1992 Audrey fue diagnosticada con cáncer de colon. Ninguna operación a la que se sometió fue de gran ayuda. Sus hijos buscaron alternativas, pero nada parecía funcionar. Cuando los médicos dijeron que su muerte era inminente, ella lo tomó bien.

No hubo tristeza ni drama. A partir de ahí se dedicó a disfrutar lo que le quedaba de vida”, aseguró su hijo Sean.

Te interesa: Frases célebres de Audrey Hepburn Con las pocas fuerzas que tenía, no dudó en hacer un último viaje con la UNICEF; fue a Somalia a asistir a víctimas de la desnutrición.

En una de sus primeras misiones”, recordaba Hubert de Givenchy, “me dijo: ‘he vuelto del infierno, he visto lo inimaginable’”.
Obras de beneficiencia de Audrey Hepburn

Foto: Getty Images

Es por eso que en palabras de Robert Wolders, pareja de Hepburn de 1980, ese último viaje fue demasiado.

Pensamos estar preparados para lo que íbamos a ver, pero aquellas escenas de hambre y sufrimiento nos sobrepasaron”.

Tres meses después, Audrey perdió la vida. Esa noche su familia había estado completa en su casa en Suiza, algo que debido a los viajes que todos hacían era difícil. Wolders recuerda que antes de dormir ella le dijo: “Fue la mejor Navidad de mi vida”. Rodeada de sus seres queridos, dejó la vida de manera pacífica a los 63 años.

Nuestra familia fue bendecida con la forma en que vivió y murió. Pudimos despedirnos de ella. Recibimos unas 25 mil cartas de apoyo en sólo unas cuantas semanas”, recordó su hijo Sean.

Pudo vivir en el pináculo del glamour, pero Audrey decidió ayudar a los desprotegidos, aunque eso la llevara a ver la peor cara de la humanidad. Será inolvidable su papel de Holly Golightly, pero para mucha gente, era una adorable desconocida que, con medicinas y alimentos, aparecía no como un ícono de moda, sino como un rayo de esperanza. Y así también habría que recordarla. Antes de irte: Despedidas de soltera al estilo Audrey Hepburn

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