En medio de flores blancas, silencios solemnes y figuras históricas de la industria de la moda reunidas en Roma, una imagen logró atravesar el protocolo, el lujo y la formalidad del momento. No fue un vestido, ni un discurso, ni un nombre célebre. Fueron los pugs de Valentino Garavani, presentes en su despedida final, los que terminaron por romperle el corazón al mundo.
Cuando sus pugs dijeron adiós
Mientras Italia rendía homenaje al creador que redefinió la elegancia y la alta costura durante décadas, la escena capturada por las cámaras mostraba algo profundamente humano: uno de sus perros, sostenido en brazos, mirando alrededor con desconcierto. Un gesto pequeño, silencioso, pero devastadoramente elocuente.
Su amor por los animales
Valentino siempre fue claro sobre su amor por los animales, y especialmente por sus pugs, quienes lo acompañaron durante años como parte inseparable de su vida cotidiana. Verlos ahí, en la capilla mortuoria, fue un recordatorio de que detrás del mito, del maestro y del imperio creativo, existía un hombre sensible, afectuoso y profundamente emocional.
El duelo visto desde la lealtad más pura
En una despedida marcada por la presencia de nombres como Donatella Versace, Pierpaolo Piccioli, Maria Grazia Chiuri y Alessandro Michele, fueron los pugs quienes protagonizaron el momento más honesto y conmovedor.
En una industria acostumbrada a narrar el glamour, la perfección y la distancia, esta fotografía recordó que el legado de Valentino no solo vive en el rojo que lleva su nombre o en los vestidos que marcaron época, sino también en los vínculos que construyó fuera de los reflectores.