La historia de amor entre el rey Harald V de Noruega y Sonja Haraldsen marcó uno de los momentos más importantes en la modernización de las monarquías europeas. Cuando el entonces príncipe heredero decidió casarse con ella, rompió una tradición profundamente arraigada, ya que se esperaba que el futuro rey eligiera como esposa a una princesa de alguna casa real europea o, al menos, a una mujer perteneciente a la nobleza
Sonja Haraldsen nació en Oslo el 4 de julio de 1937 y no pertenecía a ninguna familia real ni aristocrática. El príncipe Harald la conoció en 1959 y, aunque su relación se mantuvo durante años, su futuro juntos provocó una intensa controversia dentro de la institución monárquica noruega.
El principal obstáculo era precisamente el origen de Sonja. De acuerdo con la propia Casa Real de Noruega, como heredero al trono se esperaba que Harald contrajera matrimonio con una integrante de una casa real europea o de la nobleza.
Su deseo de casarse con una mujer del pueblo generó un importante debate y, en aquellos años, incluso hubo quienes consideraron que una boda de ese tipo podría poner en riesgo el futuro de la monarquía noruega.
La pareja tuvo que esperar nueve años desde que se conoció hasta recibir la autorización para casarse. Finalmente, el 19 de marzo de 1968 se anunció que el rey Olav V había dado su consentimiento para el matrimonio, después de realizar consultas con representantes políticos y miembros del Gobierno noruego.
Harald prefirió a Sonja antes que a una princesa
La decisión del príncipe Harald adquirió con el tiempo un enorme valor simbólico. Según reconstrucciones históricas recogidas recientemente tras la muerte del monarca, Harald mantuvo su decisión de casarse con Sonja a pesar de la resistencia inicial y dejó claro que no quería renunciar a la mujer que había elegido como compañera de vida.
La boda finalmente se celebró el 29 de agosto de 1968 en la Catedral de Oslo. Sonja pasó a ser princesa heredera y, cuando Harald ascendió al trono en 1991, se convirtió en reina de Noruega.
Un matrimonio que ayudó a modernizar la monarquía
Lo que en la década de 1960 generó debate terminó convirtiéndose en una de las historias más emblemáticas de la familia real noruega. Los noruegos terminaron aceptando a Sonja Haraldsen como integrante de la institución y, con el paso de los años, la pareja se consolidó como una de las más queridas de la realeza europea.
La decisión de Harald abrió, además, una nueva etapa para la monarquía noruega. Décadas después, su propio hijo, el entonces príncipe heredero Haakon, también desafiaría las expectativas tradicionales al casarse con Mette-Marit Tjessem Høiby, quien tampoco procedía de una familia real.