En uno de los momentos más conmovedores del medio tiempo del Super Bowl LX, Bad Bunny volvió a demostrar que su impacto va mucho más allá de la música. Sin discursos ni explicaciones, el artista protagonizó una escena cargada de simbolismo que conectó de inmediato con millones de espectadores alrededor del mundo.
Durante su presentación, Benito eligió recrear el momento en el que ganó el Grammy del Álbum del año, visto desde la perspectiva de un padre y un hijo puertorriqueño, en un sala y desde una televisión vieja, esto, para luego aparecer y regalarse el reconocimiento al niño, demostrando que un premio para Bad Bunny, significa un premio para Puerto Rico.
El momento evocó memoria, pertenencia y orgullo latino, recordando que el éxito también puede ser un acto de gratitud. En un escenario global, Bad Bunny puso el foco en lo esencial: las raíces, la familia y la tierra que lo vio crecer.