El Museo Kaluz abrió sus puertas a una experiencia nocturna donde la luz, la materia y el origen dialogaron con naturalidad. El Jardín de Velasco establece un diálogo profundo entre la obra del maestro José María Velasco y las intervenciones de artistas contemporáneos que reinterpretan su legado desde distintas materialidades y lenguajes. Así, arte y botánica se entrelazan en una lectura actual del paisaje agavero, donde la observación se convierte en un acto consciente y pausado.
Lo mismo ocurre con las obras de Jan Hendrix, que invitan a detenerse para ser contempladas y vividas. El artista neerlandés tomó como punto de partida el boceto Flor de Maguey (Agave), de Velasco e interpretó su morfología y contorno para presentar su propia visión.
En este contexto, Loco Tequila habitó el museo como parte viva del discurso artístico presentando la evolución en el proceso de desarrollo creativo de sus botellas —concebidas como auténticas obras de arte— diseñadas por Hendrix, a partir de la exploración de las nervaduras de las plantas. Cada contenedor revela ese mismo gesto: la observación minuciosa de las formas orgánicas del agave y del paisaje agavero convertida en estructura en luz y sombras y en una pieza de arte.
La noche culminó con la presentación de Loco Hierofante, la obra maestra tripartita de Loco Tequila. En ella convergen tres talentos artísticos: la visión del maestro tequilero Alberto Navarro, creador y Director General de Loco Tequila, el lenguaje escultórico de luz y sombra de Jan Hendrix y la orfebrería contemporánea de Iker Ortiz. El resultado es una obra que transita entre lo terrenal y lo divino, entre la luz y la sombra, a través de sus ediciones Luminis y Umbra.
Al caer la noche, la experiencia se trasladó a la terraza del museo deleitando a los invitados con Loco Puro Corazón, cuya pureza, fineza y elegancia elevaron el ambiente. Le siguió Loco Tequila Ámbar, de notas y matices complejos, inusuales, atrevidos y profundamente expresivos para cerrar con cócteles a base de Loco Tequila Blanco, que aportaron intensidad y versatilidad.
La presencia de Loco Tequila en el Museo Kaluz reafirma su filosofía de crear sin moldes, con locura genial y autenticidad radical, posicionándose como una obra de arte líquida dentro del ecosistema del arte contemporáneo. Una propuesta que dialoga con el espíritu de exploración, pausa y sensibilidad.
Loco Tequila, en su lugar natural, se mostró como una creación que se observa, se siente y se comparte. Una obra viva que, como el arte, se elige, se hace propia y se recuerda.