A tres años de la muerte de su padre, Carlos Rivera compartió uno de los testimonios más íntimos de su carrera. En una conversación profunda y honesta, el cantante habló sobre el duelo, la dificultad de aceptar una pérdida tan repentina y la presión emocional que existe para “seguir adelante” cuando el mundo no se detiene.
La pérdida de su padre —quien falleció de manera inesperada a causa de un infarto— lo confrontó con la ausencia definitiva y la imposibilidad de despedirse. En ese punto, el acompañamiento de su esposa, Cynthia Rodríguez, — con quien lleva una década de relación, ahora casados y padres de un hijo de dos años —fue determinante para dar un paso que marcaría su proceso de sanación.
Imagínate lo mal que estaba que mi esposa me dijo: ‘¿Quieres que busquemos ayuda?’ Y yo dije sí. Y entonces llamamos a Gabi Pérez, la tanatóloga, y ella fue quien me acompañó durante un año al duelo, porque no concebía que ya nunca más iba a poder estar sin mi papá. Además, mi papá murió de un infarto, por lo tanto, no nos despedimos, no nos lo esperábamos, no nada.
A partir de ese momento, Carlos Rivera inició un proceso terapéutico acompañado por Gabi Pérez, entendiendo que el duelo no tiene tiempos ni fórmulas universales. Su testimonio pone sobre la mesa una conversación acerca de la importancia de permitirnos sentir, respetar nuestros procesos y reconocer que pedir ayuda también es una forma de fortaleza.