Hay despedidas que no se anuncian con ruido, sino con silencios largos y conversaciones honestas. Así fue el encuentro con Ana Gabriela Fernández, pianista cubana criada profesionalmente en México, quien está en París para comenzar una nueva etapa, sin una fecha clara de retorno. Antes de irse, nos recibió en su casa, nos invitó a sentarnos, a escuchar, y a entender por qué su historia no pertenece a un solo país, sino a la música misma.
Una infancia rodeada de música
El vínculo de Ana Gabriela con el piano comenzó casi de manera natural, como si el instrumento hubiera estado esperándola desde siempre.
Mi amor por la música inicia desde que tengo cinco años. En mi casa siempre hubo música. Mi mamá es musicóloga e investigadora y mi papá es ingeniero de sonido. Había un piano en la casa y mi mamá me sentaba a jugar con el instrumento. A mí me encantaba.
A los seis años y medio, su talento la llevó a presentar pruebas en la Escuela Nacional de Arte de La Habana, donde fue aceptada en las tres carreras instrumentales principales: piano, violonchelo y violín. La elección fue clara. El piano.
Entrevista: Tania Franco.
Fotografía:Guillermo Pérez.
Cuba como raíz, México como destino
Ana Gabriela reconoce que Cuba le dio las bases técnicas y conceptuales de su formación, pero fue México el país que le permitió crecer, desarrollarse y consolidarse como artista.
Cuba me dio las bases de mi profesión como pianista. Pero México me dio la oportunidad de poder seguir mi carrera musical. La UNAM ha sido mi alma mater. Gracias a la universidad pude terminar mis estudios.
Tras 12 años viviendo en México, su identidad se transformó. Nos confesó que se siente mucho más mexicana que cubana.
Entrevista: Tania Franco.
Fotografía: Guillermo Pérez.
Aprender de una leyenda viva
Uno de los momentos que marcaron profundamente su vida fue estudiar con Maria João Pires, una de las pianistas más importantes del siglo XX.
Un sueño importantísimo fue poder tomar clases con ella, estar en su casa en Castelo Branco, comer juntas y platicar sobre música, literatura y filosofía.
Confesó lo impactante que fue estar con personas que ella veía en videos y de repente se volvieron personas con las que podía hablar, aprender… eso la marcó profundamente. Otro gesto que guarda como un tesoro ocurrió gracias a Graciela Iturbide.
En uno de mis cumpleaños llegó y me regaló la fotografía de La mujer ángel, dedicada. Eso lo conservo en mi corazón. Es alguien que admiro y quiero muchísimo.
Entrevista: Tania Franco.
Fotografía:Guillermo Pérez.
Una pianista fashionista
Ana Gabriela se define como una mujer multifacética, con una fascinación por el arte en todas sus formas. Un recital en el Museo Nacional de Arte (MUNAL) se convirtió en un recuerdo imborrable.
Me prestaron un vestido Dior. Me sentí fascinada. Siempre he estado muy en contacto con la moda y Dior me parece elegante, sobrio, muy cercano a la música que estaba tocando.
Hoy, Ana Gabriela Fernández se despide de México con gratitud, llevando consigo una historia construida entre países, disciplinas y afectos. París no es una huida, sino una continuación natural de un camino artístico que nunca se ha detenido.
Antes de partir, abrió su casa y su corazón. Y dejó claro que, aunque el destino cambie, la música sigue siendo el lugar al que siempre regresa.