Fotos Isabella Murillo
Todos los años hay una nueva Miss Universo. Sí, ese concurso que este año cumplirá 75 años y que sigue vigente a pesar de sus detractores, del feminismo y de las nuevas generaciones, que suelen tacharlo de anticuado. Pero, a finales del año pasado, todo eso cambió y la figura de la ganadora tomó, ahora sí, dimensiones a nivel nacional y global, poco antes vistas.
Osmel Sousa, el llamado zar de la belleza y artífice de las siete Miss Universo de Venezuela, no se equivocó cuando la buscó tras toparse con una foto suya en Instagram. El experto vio en la tabasqueña a una reina completa, incluso cuando Fátima lo visitó con la cara lavada, jeans y tenis, para pedir información sobre su posible entrada a Miss Universo México. “Nunca nadie me había visitado así, sin arreglarse para impresionarme”, declaró Osmel poco después. Pero la mexicana de 25 años era distinta: más natural, más espontánea, y eso dejó una muy buena impresión.
“Le dije que no sabía mucho de esto y que no me quería operar nada”, nos contó la hoy soberana de la belleza mundial mientras Pepe Gutiérrez –una celebridad en las redes y en el mundo miss– la maquillaba para nosotros en el piso 49 de la torre Be Grand Reforma, en la Ciudad de México, donde la diseñadora de modas posó para nosotros y se mostró como lo que es: una mujer completa y revolucionaria, dispuesta a generar más cambios. Porque Fátima es así; una mujer revolucionaria.
TABASCO SOMOS TODOS
¿Qué queda de la Fátima que nació y creció en el cálido sureste mexicano?
Mi mamá es de Teapa y mi papá de Frontera, pero yo nací en Villahermosa. De esa niña queda mi esencia: la curiosidad por la vida y el amor por los demás. Queda la alegría y la espontaneidad de vivir y explorar todo. Considero que en la vida siempre debemos cuidar a nuestro niño interior, porque nunca se va; entonces hay tiempo y espacio para todo. Reconectar con ese bebé que fuiste te hace volver a sentir que las cosas tienen sentido, que vas por un camino y que no debes olvidar de dónde vienes, quién eres y a las personas que siempre han estado para ti.
¿Cómo ha cambiado tu vida desde que te coronaron como reina universal?
Considero que ha sido algo increíble. Ahora tengo muchas más responsabilidades, porque quiero usar esta corona con todo el amor y propósito del mundo, para llegar a los corazones y apoyar las causas más nobles en cualquier rincón del planeta. Son muchas cosas; siento que aún me falta asimilar mucho de todo esto.
Háblanos de esos primeros minutos cuando eres ya la única ganadora… ¿Pudiste dormir? ¿Comiste algo?
Ni comes ni duermes ni tomas nada… Te vas directo a trabajar, a tomarte fotos, a seguir una agenda, pero directo y sin break.
¿Cómo es la agenda de una Miss Universo?
De todoterreno: entrevistas, visitas, sesiones de fotos y actividades de filantropía. Incluso he pedido permiso para continuar atendiendo causas sociales con las que ya participaba. Es una agenda muy apretada.
¿Al concursar en el certamen, imaginaste llegar lejos?
La verdad es que siempre he tenido fe en mí, desde chica. Mis papás regularmente me decían que, si tenía un sueño en el corazón, podía lograrlo con todo el esfuerzo del mundo. Siento que, si en la vida no vas con todo, ¿para qué vas? También hay que entender que, si algo no es para ti, ni aunque lo fuerces se va a dar; eso no significa que haya algo malo en ti, simplemente ese regalo era para otra persona, y en tu vida llegarán cosas buenas. Me parece que con la filosofía de que, si algo es para ti, nadie te lo puede quitar, se camina con mucha paz en la vida.
¿Ser Miss Universo es lo que esperabas?
La verdad, considero que mi reinado ha comenzado de manera muy diferente a la de otras misses, o a lo que yo me hubiera imaginado o deseado. Pero ha sido un inicio lleno de crecimiento y desafíos que, más que desanimarme, me han ayudado a seguir puliendo la persona que soy y a enfrentar los retos con mayor fortaleza y compromiso. Todo siempre es aprendizaje, porque la corona, al final, es para hacer cosas buenas, trabajar por las personas y ser una voz para quienes no la tienen. Ha sido algo caótico, pero trato de no perder de vista la misión que Dios puso en mi corazón.
Ya hiciste giras en Tailandia, Estados Unidos yahora en México, ¿qué ha sido lo mejor de todo eso hasta ahora?
Creo que lo más interesante, además de conocer la cultura y la gente de muchos lugares, algo que siempre me ha gustado desde chiquita –porque cuando viajábamos con mis padres, mi papá siempre era el primero en contarnos todo sobre el lugar al que íbamos–, es conocer personas, sus historias de vida, su cosmovisión y la manera en que ven todo lo que les rodea o lo que saben. Es como ser un estudiante eterno que nunca deja de aprender.
Háblanos de tu papel como MU, de tus responsabilidades y tu campo de acción…
Lo principal es ser una mujer que represente a todas las niñas del mundo, de manera espiritual y emocional, antes que nada lo relacionado con la belleza. Es poder usar esa corona para ayudar y, sobre todo, para poner sobre la mesa temas y situaciones que, tal vez, incomodan, pero que es
necesario abordar para lograr cambios.
Eres una mujer de fe… ¿Qué papel tiene Dios en tu vida?
Para mí, Dios, sin duda alguna, lo es todo. Es el eje principal, el centro. Me enamoré de Él en una etapa de mi vida en la que me di cuenta de que, sin yo estar enamorada de mí misma, Él ya estaba enamorado de mí, y yo dije: ¡wow! Él me enseñó a quererme, a respetarme y a poner límites. Su amor es lo más puro que existe, y una vez que lo experimentas, ya no puedes soltarlo, porque si amas a Dios, aprendes a amar a los demás, ya los conozcas o no. Para mí es lo más importante, y cualquier virtud o acción buena que las personas vean en mí, no soy yo, es Dios actuando a través de mí.
No fue tu primera corona, ¿Cómo fue ganar la Flor más bella de Tabasco?
Fue muy cool. Tenía 17 años, y hay que decir que es una tradición que conlleva muchísimas cosas de los tabasqueños: nuestra historia, nuestra cultura y nuestra música. Es una fiesta en la que los 17 municipios se vuelven un solo corazón, donde los tabasqueños se unen y las niñas soñamos con recibir la invitación para ser embajadoras y representar al estado. Me la pasé increíble, e hice muchísima filantropía y promoción turística. Fue un honor, y es algo que siempre llevo en mi corazón, porque forma parte de mi ser; si sueñas con algo y trabajas por ello, lo puedes lograr.
Además le diste a Tabasco el primer título de reina nacional, y meses después, la máxima corona mundial…
Es increíble. Fue supericónico llegar con la corona de Miss Universo y ver las calles abarrotadas por ese medio millón de personas, y un estadio lleno.
Se dice que en cuanto a certámenes de belleza, los fans tabasqueños son como los filipinos y venezolanos…
No sólo en los concursos de belleza. En Tabasco somos muy unidos y nos queremos mucho. Ellos me conocen, me vieron crecer; es más, todos nos conocemos: vas al súper y te encuentras a tu tía, a tu ex, a tu crush, a tu mejor amiga o al abuelito. En este estado apoyamos mucho y nos da gusto ver cuando a otro paisano le va bien, y eso define muchísimas cosas, porque el éxito no nos molesta; al contrario, nos inspira.
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