Poco conocida frente a otras capitales europeas, Ribeira es el corazón más auténtico de Oporto y uno de esos destinos que se descubren caminando sin prisa. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este barrio histórico se despliega a orillas del Río Duero con fachadas de colores, calles empedradas y una atmósfera que mezcla pasado medieval y vida contemporánea.
Aquí, las casas parecen apilarse unas sobre otras, los balcones se asoman al río y los barcos rabelos recuerdan la época dorada del vino de Oporto. Ribeira es sinónimo de tabernas tradicionales, iglesias barrocas, mercados locales y miradores espontáneos que regalan algunas de las postales más bellas de Portugal.
A diferencia de otros barrios más turísticos, Ribeira conserva un ritmo genuino. Con vecinos charlando al atardecer, música callejera, cafés pequeños y restaurantes donde probar cocina local con vista al agua. Cruzar el Puente Don Luis I, al caer el sol, es uno de esos momentos que explican por qué este rincón sigue siendo un secreto bien guardado para viajeros que buscan belleza sin artificios.