Cada 31 de diciembre, Sídney se convierte en el primer gran escenario global en dar la bienvenida al Año Nuevo, y 2026 no fue la excepción. Miles de fuegos artificiales iluminaron el cielo sobre el Sydney Harbour Bridge y la Sydney Opera House, creando una postal inolvidable que volvió a recorrer el mundo.
El espectáculo, cuidadosamente coreografiado sobre la bahía, combinó luces, color y reflejos sobre el agua, reafirmando a Sídney como una de las capitales indiscutibles de las celebraciones de Año Nuevo. Más que un show pirotécnico, se trató de un ritual colectivo que marca el inicio del calendario global y simboliza optimismo, renovación y esperanza.
Año con año, esta celebración se consolida como una de las más esperadas y fotografiadas del planeta, confirmando que cuando el reloj marca la medianoche en Sídney, el mundo entero comienza a celebrar.