“La cuestión de lo que uno acepta con tal de estar en una relación” fue una de las preguntas más incómodas —y detonantes— para Gabriela Sandoval al construir a los personajes de su nueva película. Lejos de ofrecer respuestas claras, el proceso creativo abrió aún más dudas sobre el amor, la pareja y la salud mental dentro de las relaciones. Para la directora, definir qué es estar emocionalmente sano resulta más complejo que identificar un trastorno.
Es más fácil definir las enfermedades que definir lo que es estar saludable.
Explica, subrayando que muchos padecimientos pueden convivir entre sí y que juzgar una relación desde fuera suele ser simplista frente a lo que se vive dentro de ella. La cinta también aborda la codependencia y la repetición de patrones afectivos. Sandoval se cuestiona si realmente es posible romperlos o si, en algunos casos, resulta más fácil aceptarlos.
Es muy difícil salirse de la codependencia y siempre llegan el mismo tipo de personas.
A diferencia de la comedia romántica tradicional, donde el amor todo lo puede, esta historia propone lo contrario. El filme utiliza los elementos clásicos del género para subvertirlos, desromantizando el amor y mostrando su lado más oscuro e incómodo.
Desde afuera todo se ve caótico, pero aun así los personajes siguen juntos.
El proyecto, que recientemente ganó el premio a Mejor Comedia en un festival de Los Ángeles, confirma que el humor también puede ser un espacio para hablar de vínculos complejos, poco aspiracionales, pero profundamente reales. Para Sandoval, lo valioso no es cerrar la conversación, sino dejarla abierta: hacerse las preguntas incómodas fue, al final, lo más importante.