Durante la primera semana de mayo del 2026 vimos el regreso de una de las películas más queridas de los 2000. El Diablo Viste a la Moda 2 trajo de regreso a Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci como el elenco principal de la primera parte que estrenó en 2006.
¿El “diablo” ya no es tan malo?
Meryl Streep, quien inició su carrera a mediados de la década de 1970, es sin duda uno de los pilares que convirtió a El diablo viste a la moda en un clásico para los amantes de la moda. No solo por introducir al público general en el mundo editorial, sino por la fortaleza despiadada de Miranda Priestly: una mujer de hierro, intocable y dispuesta a pagar cualquier precio por el bien de su revista.
Y sí, Andy Sachs, interpretada por Anne Hathaway, es un personaje fuerte, cuya misión era sobrevivir como asistente de Miranda y demostrar que podía abrirse camino en el exigente mundo editorial. Sin embargo, en esta segunda entrega, que retoma la historia 20 años después, Andy adquiere un protagonismo mayor que la propia Priestly.
Una de las críticas más recurrentes hacia esta secuela es que Miranda ya no solo ha perdido su dureza, sino también gran parte de su esencia. Hay momentos en los que incluso parece rebajada, un ejemplo es el trato que recibe por parte del personaje interpretado por B. J. Novak.
La participación de Lady Gaga… ¿era innecesaria?
Más que sumar a la narrativa, la breve aparición de la cantante se percibe como un cameo forzado que ocupa más de cinco minutos en pantalla. Incluso incluye un momento musical que no se centra en la pasarela, lo que desvía la atención del eje principal de la historia: la moda.
La primera aparición de Gaga en la película la muestra despreciando a Miranda (otra vez) y afirmando que solo está ahí porque la revista le prometió una portada a cambio de su participación, algo que la Priestly del pasado difícilmente habría tolerado. En esta ocasión, sin embargo, decide mostrarse amable con ella…
Andy Sachs al rescate
No todo es negativo en esta segunda entrega. Andy Sachs mantiene su esencia, con esa constante necesidad de demostrar su valía y complacer a Miranda en todo momento, lo que conserva parte del espíritu original de la historia. Además, su dinámica con los personajes de Stanley Tucci y Emily Blunt sigue funcionando, aportando momentos que conectan con la nostalgia de la primera película.
Sin embargo, Miranda Priestly era un elemento central en el ritmo y la narrativa, y la falta de esa malicia que la definía termina por afectar el resultado. Aunque este regreso no es fallido, podría dejar la sensación de no alcanzar el nivel de su primera entrega, que se mantiene como un referente difícil de igualar.