El arranque del LUX Tour de Rosalía en el LDLC Arena de Lyon no ha pasado desapercibido. La artista española ha generado una fuerte conversación en redes sociales, donde las opiniones se dividen entre la crítica y la ovación.
Por un lado, algunos usuarios han señalado que el espectáculo luce “de baja calidad” o con una estética “artesanal”, alejándose de las producciones masivas y altamente tecnológicas que dominan actualmente los grandes tours internacionales. Esta propuesta más minimalista y conceptual ha sido interpretada por ciertos sectores como una falta de espectacularidad.
La comunidad del ballet
A esto se suma la polémica con la comunidad del ballet, luego de que Rosalía incluyera movimientos en puntas durante el show. Diversos bailarines y especialistas han expresado su inconformidad, argumentando que el ballet clásico es una disciplina que requiere años de formación rigurosa, y que su uso fuera de ese contexto puede percibirse como una falta de respeto.
Sin embargo, la experiencia dentro del recinto cuenta otra historia. Algunos usuarios que asistieron al concierto en Lyon destacan una puesta en escena íntima, arriesgada y coherente con el universo de LUX, un álbum que tomó alrededor de tres años de desarrollo.
El show, lejos de buscar lo convencional, apuesta por una narrativa artística compleja: sonidos con tintes operísticos, una propuesta vocal exigente y letras que exploran temas como la fe, Dios, el amor, la muerte y reflexiones filosóficas desde la mirada personal de Rosalía. Además, la artista interpreta canciones en más de 13 idiomas, reforzando el carácter global y experimental del proyecto.
Así, el LUX Tour se posiciona como una obra divisora, para algunos, una propuesta incomprendida; para otros, una evolución artística que prioriza el concepto sobre el espectáculo tradicional.