Nueva York volvió a convertirse en el escenario perfecto para celebrar la historia, la feminidad y el savoir-faire de Carolina Herrera. Con motivo del 45 aniversario de la firma, Wes Gordon presentó la colección Primavera 2027 en el David H. Koch Theater del Lincoln Center, un desfile que miró al pasado de la casa para imaginar cómo se viste la mujer Herrera en el presente.
La propuesta, presentada el 14 de septiembre de 2026, parte del universo que la señora Carolina Herrera construyó en Nueva York en 1981. A través de una visión contemporánea, el director creativo recupera la esencia de aquellas mujeres que marcaron una época, entre ellas C.Z. Guest, Diana Vreeland y Lee Radziwill, para trasladarlas a una ciudad que continúa siendo fuente de inspiración para la moda internacional.
“Cuarenta y cinco años ofrecen un vocabulario extraordinario con el que trabajar”, afirma Wes Gordon en el comunicado de la colección. “Esta colección parte de todo lo que amamos de Herrera y se cuestiona cómo traducir todo eso al presente”.
La mujer Herrera: elegancia con un espíritu más atrevido
La colección Primavera 2027 explora la evolución de la mujer que inspiró los primeros años de la firma. Gordon toma como punto de partida la idea de las ladies who lunch, aquellas mujeres elegantes que disfrutaban vestirse para cada ocasión, y se pregunta cómo sería esa figura en el Nueva York de hoy.
La respuesta se traduce en una propuesta dinámica, pensada para acompañar a una mujer que camina por un Central Park lleno de flores, sube a un taxi amarillo, se mueve de reunión en reunión y cruza la ciudad de punta a punta.
En esta nueva interpretación, la elegancia contenida adquiere matices más atrevidos, sin perder la alegría por vestir bien. La feminidad, uno de los pilares de Carolina Herrera, se presenta como una forma de expresión que no busca pasar desapercibida.
Una silueta que combina precisión y movimiento
La propuesta para Primavera 2027 reúne prendas de día cortadas con precisión y vestidos de noche que prescinden de la rigidez. Las chaquetas alargadas y las faldas amplias definen una silueta sofisticada, mientras que los materiales aportan diferentes texturas y posibilidades.
El tweed, el popelín de algodón, la gabardina y el denim conforman parte del armario diurno. Para las propuestas de noche, la gasa, la organza, el encaje metálico y el gazar aportan ligereza y movimiento.
Las prendas de punto, el ganchillo y la gasa introducen una textura inesperada en una colección que celebra la riqueza de los materiales y la maestría de los artesanos del taller de Carolina Herrera, ubicado en Nueva York.
Flores, lunares y el color de la ciudad
Uno de los elementos que destaca en la colección es el Pom Pom floral, que aparece sobre fondo negro y da a las flores pictóricas un aspecto gráfico y definido. Los lunares, uno de los códigos más reconocibles de la casa, también recuperan protagonismo.
La paleta cromática combina el negro, el blanco, el rojo Herrera y el amarillo taxi con tonos cerámica, sorbete, empolvado, celeste y pepino. Una mezcla que evoca tanto la identidad de la firma como el espíritu neoyorquino.
Los lunares en amarillo, negro y blanco hacen referencia al envoltorio de la primera fragancia de Carolina Herrera, diseñado por Yves Zimmermann en 1988. El amarillo taxi, por su parte, reivindica uno de los símbolos más reconocibles de Nueva York.
Accesorios que reinterpretan los códigos de Herrera
La colección también presenta una propuesta de accesorios que amplía las referencias de la temporada. Los bolsos escultóricos se cubren de flores de cuero, mientras que el emblemático Mimi aparece en satén brillante y en versiones con pequeñas ranas doradas, un guiño a La Grenouille, el icónico restaurante neoyorquino que cerró hace dos años.
El bolso Consuelo incorpora nuevas borlas y los clutches Pats y Bianca se presentan en nuevas versiones. En la joyería, broches de cebra, motivos de ranas, perlas de gran tamaño y borlas llamativas introducen un punto de humor e ingenio.
La colección también incluye un guiño a la cookie neoyorquina en blanco y negro, un detalle que refuerza la relación entre la moda, la cultura y la vida cotidiana de la ciudad.
Un desfile rodeado de flores en el Lincoln Center
Para presentar la colección, Bureau Betak transformó el David H. Koch Theater del Lincoln Center en una visión de Park Avenue en primavera, ideada por Wes Gordon y creada con casi 30 mil tulipanes amarillos.
El escenario floral no solo acompañó la propuesta estética de la firma, sino que también tuvo un propósito especial: después del desfile, los tulipanes serían donados a los parques municipales de Nueva York.
La puesta en escena reforzó uno de los conceptos centrales de la colección: la conexión entre Carolina Herrera y la ciudad que ha acompañado su historia desde sus comienzos.
Tres colaboraciones que celebran la historia de la firma
La colección Primavera 2027 incorpora tres colaboraciones especiales que remiten a distintas etapas de la historia de Carolina Herrera y de Nueva York.
The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts
La firma se asoció con The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts para llevar a la moda el retrato que Andy Warhol realizó de la señora Herrera. La imagen, licenciada por primera vez, aparece en piezas a medida como un minivestido bordado y el bolso Jacqueline.
El retrato evoca la amistad entre Warhol y Carolina Herrera, así como el mundo creativo que ambos compartieron en Nueva York.
La colaboración también recupera una anécdota especial: después de que Warhol fotografiara a Herrera en una serie de Polaroids, ella intercambió con él un bolso Van Cleef & Arpels que le había regalado su marido por un retrato inspirado en aquellas imágenes.
Además de llevar esta historia al universo de la moda, la colaboración busca apoyar la labor de divulgación artística de The Andy Warhol Foundation.
The New Yorker
La segunda colaboración se inspira en una de las publicaciones más ligadas a la identidad de Nueva York: The New Yorker.
Un vestido bordado recrea la portada del número que llegó a los quioscos el 27 de abril de 1981, el mismo día en que Carolina Herrera celebró su primer desfile en The Metropolitan Club.
La ilustración original de Lonni Sue Johnson, con el skyline de Manhattan, se convierte en un bordado a mano elaborado en el atelier de Herrera. Así, una imagen del pasado de la ciudad se transforma en una expresión contemporánea del savoir-faire de la casa.
Taffin
La tercera colaboración es con Taffin, la casa de joyería fundada por James de Givenchy. La propuesta remite a una dirección compartida por ambas casas: 954 Madison Avenue.
El edificio fue en su momento una boutique de Givenchy, y Taffin abrió su primer showroom en la tercera planta. Cuando Carolina Herrera adquirió el inmueble, Taffin permaneció allí durante varios años.
Para Primavera 2027, esa relación se renueva con una cápsula de joyería creada especialmente para la pasarela. Las piedras de colores y la cerámica artesanal se inspiran en la gama cromática de la colección, en Nueva York y en el estilo personal de la fundadora.
Los pendientes florales evocan las flores de la propuesta, mientras que las esferas doradas con textura recuerdan a las joyas que la señora Herrera solía lucir durante sus primeros años como diseñadora.
Entre las piezas destaca un anillo en forma de mano, elaborado en cerámica y oro, que alude a los labios rojos presentes en sus retratos. La propuesta se completa con un collar con pendientes a juego, elaborado con más de 800 cuentas de cerámica.
Carolina Herrera: 45 años de color, alegría y elegancia
Cuarenta y cinco años después del primer desfile de Carolina Herrera en Nueva York, la colección Primavera 2027 vuelve a las ideas que han caracterizado a la casa desde el principio: color, alegría y el placer de vestir bien.
Wes Gordon no busca recrear literalmente el pasado, sino reinterpretarlo para imaginar qué significa Herrera en el Nueva York de nuestros días. El resultado es una colección que celebra la historia de la firma a través de siluetas femeninas, materiales llenos de movimiento, accesorios con humor y colaboraciones que conectan la moda con el arte y la ciudad.
Una nueva propuesta que confirma la capacidad de Carolina Herrera para mantener sus códigos reconocibles mientras continúa explorando nuevas formas de elegancia.