Cinco casas de moda que hoy consideramos clásicas o exóticas

Cinco casas de moda

OH, AQUELLOS LOCOS AÑOS 90…

Estas cinco casas de moda hicieron historia hace más de 20 años, entre críticas y vueltas de tuerca. Recordamos el porqué se convirtieron en statement en el mundo de la moda que siguen de pie.

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Por: Gabriella Morales-Casas Tras el exceso de los años 80 –en todos aspectos–, la moda que prosiguió en la década de los 90 pareció pedir simpleza… cortes rectos y geométricos, tonos pálidos e iridiscentes, en el más escandaloso de los casos, y discreción en todas sus formas supusieron un contraste casi lógico en las nuevas tendencias de moda, a las que se adaptaron la mayoría de las casas de diseño, tanto de alta costura como ready-to-wear y hasta las apparel. Sin embargo, algunos jóvenes que emergieron entre la más boyante ola ochentera decidieron no claudicar ante el minimalismo de los 90, al irrumpir en la estructura perfecta del fin del milenio y apelando a una nueva generación, la de aquellos que fueron niños o adolescentes en los 80 y ahora buscaban su propia identidad, que encontraron en un perfume con silueta humana, una camiseta underwear como ropa casual, o una camisa de seda con una Medusa romana entre cadenas doradas.

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Cinco casas de moda que hoy consideramos clásicas o exóticas

El inventor del minimalismo

Si hablamos Calvin Klein, quizás su marca significa la invención de la moda minimalista con sus camisas que borraban la frontera entre la ropa interior y el tank top casual, así definió una línea que encantó al mercado juvenil. Es posible que nadie recuerde cómo eran sus jeans en los 70, pero no hay quien no conozca sus campañas publicitarias nude en blanco y negro, que distinguen a la marca desde finales de los 80, primero, bajo la lente de Bruce Weber, como un preludio de lo que sería el boom de la marca: los anuncios en ropa interior de Kate Moss y John Varvatos, esta vez, con fotos de Marco Sorrenti.

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Un fenómeno opuesto lo vivió Gianni Versace, cuya leyenda se forjó a mediados de los 80 con las corbatas y camisas de seda masculinas con motivos románicos, y cuando parecía que ya no daba para más alcanzó los laureles de la más férrea crítica de la vieja guardia de la moda con la alta costura; sus diseños, a veces discretos con un añadido extravagante, o totalmente estridentes con un guiño kinky, lo hicieron el rey de la moda en los 90.

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Del Tercer Reich a Wall Street

Mención aparte merece la marca Hugo Boss que se posicionó también en esta década, frente a la elegancia tradicionalista de Ermenegildo Zegna, o las mismísimas casas exclusivas de Savile Row. Su historia data desde los años 40 cuando su fundador homónimo vestía a los militares nazi y a los simpatizantes de alto poder adquisitivo del partido liderado por Hitler, del que era afiliado. Si bien en 1948 tras la muerte de Boss, su sobrino tomó las riendas y reconoció públicamente la responsabilidad del pasado (forzaron a 140 prisioneros de la Gestapo a trabajar en sus fábricas), la marca no pasó de abastecer las demandas sport-casual de la sociedad local, hasta que en los 80 se internacionalizó gracias a la caída del Muro de Berlín. Entonces, llegó a Nueva York y directo al buen gusto de los tiburones de Wall Street, donde su propuesta formal se convirtió en un discurso de éxito entre los hombres de la bolsa y los negocios. Boss se volvió un lujo noventero y el resto es historia.

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Gracias globalización, que comenzaba apenas en esta década de transición, estas y muchas otras marcas dieron la vuelta, pero pocas, muy pocas casas haute couture hicieron el crossover hasta el nuevo milenio, y ante todo, al mundo corporativo de los gigantes conglomerados, al que no sobrevivieron algunas. Muchas de las que se quedaron en el camino también fueron marcas masivas, por lo que es preciso reconocer a las que fueron trendsetters en los 90, especialmente Guess, fundada en 1981, cuyos anuncios publicitarios fueron revolucionarios, al rescatar la estética del pinup estadounidense para vender hotpants en denim con camisas vaqueras, en un contexto moderno. Por cierto, su maniquí fue la malograda Anna Nicole Smith.

Los noventeros que florecieron después

Hacia los primeros años del Siglo XXI la estela iconoclastas de la moda arrojó a una generación de primeros herederos con un bagaje aún más revolucionario, el más prometedor de ellos, sin duda, fue Alexander McQueen, “El hooligan de la moda”, cuyo dramatismo atrajo al mismísimo cantante David Bowie (su gabardina con la bandera británica quedó para la historia en la portada del álbum Earthing, de 1997), y lo llevó hasta Givenchy. Su marca homónima lucha por seguir en pie, tras el suicidio del talentoso diseñador, en 2010.

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Otro pájaro de cuenta resultó ser John Galliano, que debutó en Givenchy antes de pasar a Christian Dior, en 1996, casa en la que se forjó su leyenda con su alta costura pomposa al estilo de las cortes de Versailles, casi al mismo tiempo que lanzó su firma propia. Su halo se desvaneció en 2011, cuando hizo comentarios antisemitas en un bar de París. Le costó tres años –y un proceso judicial en Francia– volver a la industria, de la mano de Margiela.

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Al contrario de sus contemporáneos, Marc Jacobs supo cosechar en el Siglo XXI lo que sembró en los 90, primero, modernizando a Perry Ellis –aunque lo despidieron por hacer una colección grunge inspirada en Nirvana y Pearl Jam–, quitarle la rigidez a Louis Vuitton, a cuya casa llegó en 1997 para dejarla en 2014, y llevar simultáneamente su marca propia, que alcanzó el éxito empresarial gracias a su vivacidad.

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No menos talentoso resultó Tom Ford, el rey de los tuxedos en Hollywood, quien revivió Gucci en 1994 y tomó Saint Laurent, muy a pesar del deseo de su creador Yves Saint Laurent. Con 15 años en el puesto creativo de ambas marcas se convirtió en el Rey Midas del grupo, hasta 2004, que se fue para fundar su marca propia y de paso, hacer películas. Ford es uno de los mejores logros noventeros de la moda.

La reina de la moda

Finalmente, entre todos los hombres, destaca una mujer que hasta ahora parece pisar más fuerte hacia un futuro prometedor, la ex modelo, ex cantante de las Spice Girls y eterna fashionista Victoria Beckham, esposa del guapo ex futbolista emblema del nuevo milenio, David Beckham. Su condición de ultra famosa, refinada y millonaria la pone por encima de otras diseñadoras, al ser toda una autoridad de la moda y el buen gusto, distinguida siempre por sus gafas de sol cuadradas, que son su producto más vendido. A 10 años de la fundación de su marca, su estilo ladylike ya se identifica con la marca, además de que puso de moda otra vez el cuello Peter Pan, gracias a la colección accesible que diseñó para Target. Por si fuera poco, participó en el diseño de la camioneta todoterreno Evoque de Land Rover, cuando fue lanzada al mercado en 2011. ¿Así o más exitosa?

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No sabemos quiénes serán los diseñadores que pronto recordaremos por romper los esquemas y revolucionar la moda del primer cuarto del Siglo XXI, aún queda tiempo para ver consolidarse a estos jóvenes talentos, y tal vez, convertirse en los nuevos clásicos que serán recordados como iconos de una era. Lo que sí sabemos, es que a casi dos décadas del fenómeno del Y2K, cuando los programadores del mundo temían que los sistemas computacionales se reiniciaran a ceros, cuando no había redes sociales y aún existían los cassettes, reconocemos la visión de los diseñadores que no sólo cruzaron la grieta milenaria, sino que hicieron historia. Estos son los clásicos de los 90, que hoy son clásicos de la moda internacional.

CALVIN KLEIN

1968

Comenzó como una tienda de blazers en Nueva York y como grandes historias, tras el primer boom su creador pasó por un bache económico hasta que apostó por la línea de ropa interior. En 1992 lo arriesgó todo en una campaña sin atisbos de pudor, que mostraba los cuerpos de sus modelos semidesnudos en ajustados trousers y boxer briefs, al grado de que Marky Mark se tocaba las partes íntimas y Kate Moss posaba desnuda sobre un sofá para anunciar la fragancia Obsession, una imagen de culto que ejemplifica el minimalismo de los 90. Klein aprovechó la cresta para fortalecer su colección ready-to-wear con el product placement en la comedia adolescente Clueless (Amy Heckerling, 1995), que marcó a toda una generación de chicas. Finalmente vendió la marca al grupo Phillips Van Heusen Corp (PVH). Look icónico: El vestido Clueless en blanco de Cher, el personaje de Alicia Silverstone en la película, que utilizó Rihanna en 2012 en rojo, para la premiación de una revista.

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VERSACE

1978

Gianni Versace siempre quiso ser diseñador aunque estudió arquitectura, pero supo plasmar el aprendizaje del arte y en sus camisas, popularizadas en 1984 el actor Don Johnson en la serie Miami Vice. Había logrado una identidad en la moda, pero su plenitud la encontró en los vestidos femeninos en los años 90; hizo de su hermana Donatella cómplice y musa para crear atrevidos y modelos con estructuras romanas, el uso de cuero, cinturones y escotes laterales asidos con prendedores, mostrando el lado más sexy de las mujeres. Su campaña de 1991 reunió a todas las top models de la época, pero subió a la estratosfera cuando la princesa Diana de Gales lo eligió como favorito y apareció en la portada de Harper’s Bazaar con uno de sus vestidos. Gianni fue asesinado en 1997, año en el que Donatella Versace tomó las riendas de la marca. Look icónico: Jennifer López con un vestido de gasa verde selva, con escote en V hasta el ombligo, en los Grammys de 1998.

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JEAN PAUL GAULTIER

1982

Comenzó trabajando en la firma Pierre Cardin, donde aprendió el oficio, y aunque dijo a Vogue que su colección debut en 1976 “no era muy buena, me permitió darme a notar”. Con la consigna de ser único, fue llamado l’enfant terrible de la mode, vestido siempre con una ceñida camisa de marinero a rayas, y llamó la atención de Madonna, para quien creó un corsé de dos conos que se convertiría en el sello del modisto, así como las chaquetas toreras, literalmente, diseñadas con pasamanería taurina o listones de corsé. También fue vestuarista de los cineastas de culto Peter Greenaway y Pedro Almodóvar, antes de debutar en la alta costura, en 1997, año en el que lanzó su perfume insignia: Classique, cuyo envase era una silueta en corsé rosa, y para la fragancia masculina, su típico sailor blue. En 1999 se asoció con el corporativo Hermès y tomó la cabeza de la casa. Look icónico: No hay más: Madonna en corsé con conos, durante el Blonde Ambition Tour de 1990.

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MOSCHINO

1983

El ilustrador italiano Franco Moschino, antiguo dibujante de sketches de Versace lanzó su marca de diseño casual y desenfadado llamada Moschino Couture!, como una bocanada de aire fresco en la época, al presentar prendas con patrones coloridos y motivos gráficos, que causaron sensación, sobre todo, entre la audiencia más joven. Con Claudia Schiffer como su rostro, se consolidó en los años 90 como una marca irónica ante la seriedad de la moda, con todo y sus fragancias en divertidos envases (la última fue un aspersor de limpiavidrios). Franco murió en 1994 dejando a cargo a Rosella Jardini, quien continuó con la filosofía iconoclasta de la marca, a la que renombró en 2009 como Love Moschino; en 2013 la reemplazó Jeremy Scott –cabeza simultánea de Adidas– y diseñó a un osito como nuevo icono. Look icónico: Los diversos ensambles de periódico de Fran Drescher en The Nanny, sitcom que se convirtió en la mejor pasarela de la marca

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MAISON MARTIN MARGIELA

1988

El joven belga Martin Margiela trabajó con Jean Paul Gaultier durante la última mitad de los años 80, cuando decidió emprender su propia firma al mismo tiempo. Margiela destacó por su propuesta de “deconstrucción”, que hizo de la aburrida geometría noventera una sátira estirando los bordes como a un trapecio, dándole a las faldas, blusas, jumpsuits o sacos más volumen en formas caprichosas y divertidas con texturas metálicas y plastificadas. A pesar de lograr el éxito, aceptó el reto de dirigir Hermès en 1997, para después dejarle el sitio a su amigo Gaultier, en 2002, año en el que la Maison fue adquirida por el conglomerado italiano OBT. Look icónico: El vestido metálico de la pasarela Primavera ‘96, que se replicó en 1999 como un trompe l’oeil sobre su también icónica flat shirt que imitaba a una bolsa de plástico cualquiera.

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Cinco casas de moda de veteranos que cruzaron el umbral

Sus casas de moda datan de 40 o 50 años ha y siguen dando tela para mucho por venir.

Sonia Rykiel

1968

Este año la marca celebra su 50 aniversario, a dos años de la partida de su creadora, conocida en los años 70 como “la reina del punto”, pues saltó a la fama con un suéter de rayas horizontales en colores cálidos, bautizado en su momento por la revista francesa Elle como The Poor Boy Sweater, que lo puso en portada en 1969 y que evolucionó a jumpers y vestidos a lo largo de cinco décadas. Entre sus clientas de la época se encontraban Catherine Denueve y Brigitte Bardot, que aparecen con sus creaciones en varias películas.

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Roberto Cavalli

1970

Hijo de un artista plástico, comenzó a trabajar como proveedor de Hermès tras haber presentado en París una pasarela utilizando patrones en cuero y óleo sobre textiles, técnicas patentó y que evolucionó hasta inventar el sand-blasting en denim, es decir, incorporar arena en los jeans para dar un look dirty. En los 90 tuvo una gran explosión de popularidad con la integración del animal print a sus prendas, que han sido utilizados hasta ahora por una de sus musas más leales: Naomi Campbell. Hoy es un básico de Kim Kardashian, pero afortunadamente para él, también de Bella Hadid.

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Diane von Fürstenberg

1972

Creadora del “vestido cruzado” o wrap dress, tomó su apellido de su esposo, el príncipe italiano Egon von Fürstenberg, heredero de la automotriz Fiat, quien no opuso resistencia a su carrera como diseñadora y hasta participó en ella los tres años que duró su matrimonio. Su primer wrap dress se encuentra en exhibición en el pabellón del vestido del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

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Missoni

1953

La pareja formada por Ottavio y Rosita Missoni abrió una tienda de diseños de punto en los años 50 en Varese, Lomabarda, que se volvió punto de referencia para los turistas de alto poder adquisitivo y finos gustos, que los llevó a Milán, París y Nueva York, donde el diario The New York Times calificó a la marca como “el tejido más finos del mundo”, algo que rápidamente los catapultó al estrellato de la moda. Desde 1997 Ángela Missoni tomó la silla para crear una línea casual, M de Missoni y mantener a la empresa familiar en las pasarelas más importantes de Europa.

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