La coincidencia no pasa desapercibida. Beyoncé, Taylor Swift y ahora Bad Bunny, ganadores consecutivos del premio más importante de los Grammy, subieron al escenario vestidos por la misma casa de moda. Tres artistas, tres universos creativos completamente distintos y una sola marca acompañando el instante más decisivo de sus carreras recientes.
Schiaparelli, conocida por su espíritu audaz, artístico y poco convencional, se ha convertido en una de las firmas favoritas para momentos que buscan dejar huella. No es una marca discreta, sus diseños hablan de poder, de narrativa y de riesgo, justo como los álbumes que han sido premiados.
Taylor Swift apostó por la elegancia estructurada y simbólica; Beyoncé llevó la fuerza y el dramatismo que caracteriza su era actual; y Bad Bunny rompió esquemas al portar alta costura masculina con una seguridad que reafirma su lugar como figura cultural global. Tres formas distintas de vestir Schiaparelli, pero un mismo resultado: el Grammy a mejor álbum del año.
¿Se trata de una simple casualidad? Probablemente sí. Pero en un mundo donde la imagen, el mensaje y el momento lo son todo, no deja de ser fascinante que Schiaparelli se haya convertido en la constante visual de tres victorias históricas. Más que un amuleto, la firma parece ser la elección de quienes saben que están a punto de hacer historia.
Al final, los premios no se ganan por lo que se lleva puesto, pero hay noches en las que la moda también se vuelve parte del relato. Y en los Grammy, Schiaparelli ya escribió el suyo.