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Se conocieron hace algunos años en un restaurante de la Ciudad de México, poco después de la llegada de la actriz, quien vivía en Miami, donde ya era conocida en el mundo de las telenovelas. “Creo que por eso Adrián ocupa un lugar tan especial en mi vida, porque ha conocido muchas versiones de mí: la que llegó llena de sueños, la que tenía miedo, la que estaba empezando desde cero, la que se cayó algunas veces y la que aprendió a levantarse”, nos comparte Verónica, aún con la emoción de ver en su mano el anillo de sus sueños.
Primero fueron amigos y confidentes, pero con los años la relación evolucionó a amor de pareja. ¿Como te pidió que fueran novios?
Verónica Me encanta nuestra historia porque uno podría pensar: “Después de tantos años de conocernos ¿qué formalidad puede quedar?”. Fue muy bonito que él quisiera hacer las cosas bien y que no asumiera que porque ya existía una historia entre nosotros yo ya era “su novia”. A las mujeres nos encanta sentir que nos siguen conquistando. No importa si llevan tres meses o diez años. Y él tuvo ese detalle y e dijo: “te conozco desde hace años, pero hoy te estoy escogiendo otra vez”. Y eso me derritió.
¿Qué les gustó a cada uno del otro?
Verónica: De Adrián me enamoró su corazón. Es un hombre muy noble, muy protector, muy de familia. Pero sobre todo, es alguien que ha estado conmigo cuando no había nada bonito que enseñar. Me ha visto arreglada, feliz, cumpliendo sueños… pero también me ha visto llorando, frustrada, muerta de miedo, sin saber qué hacer. Y nunca me ha hecho sentir que tengo que ser menos intensa, menos soñadora o menos yo para que me quiera. Yo soy un huracán. Siempre tengo una idea, un proyecto, un sueño nuevo. Y él tiene una paz que me aterriza.
Adrián: A mí me enamoró precisamente eso de ella. Su fuerza. Vero puede tener miedo y aun así va. Se puede caer y se vuelve a levantar. Tiene una capacidad enorme para soñar y trabajar por lo que quiere. Pero además hay una parte de ella que no todo el mundo conoce. Es muy sensible, muy cariñosa y muy de los suyos.
¿Cómo ha sido todo este tiempo de novios?
V: Ha sido real. Y para mí esa palabra es muchísimo más bonita que decir “perfecto”. Claro que tenemos días maravillosos y otros en los que nos desesperamos… ¡Pregúntale a Adrián! (risas). Pero eso también es una relación. Después de tantos años ya no estás enamorada solamente de la versión bonita de alguien. Conoces sus manías, sus defectos, sus silencios, sabes cuándo está de malas con solo verle la cara… Pero debajo de todo hay algo que para mí es fundamental: Con él puedo ser absolutamente yo. Y creo que cuando encuentras a alguien con quien puedes ser mujer, pareja, amiga, cómplice y también hacer el ridículo… encontraste algo muy difícil de encontrar.
A: Hemos aprendido a ser equipo. Yo admiro muchísimo lo que hace Vero y quiero verla crecer. Para mí amarla nunca ha significado detenerla, sino acompañarla.
Ahora háblanos del anillo…
Verónica:_ Es espectacular. Cuando lo vi pensé: “sí me conoce”. Porque es muy yo: femenino, elegante, pero con presencia. No pasa desapercibido. Y obviamente desde que me lo dio me descubro viendo mi mano a cada rato. ¡No voy a fingir humildad justo con el anillo! (risas) Me encanta. Tiene un diamante central grande, de corte redondo y una banda muy delicada con pequeños diamantes alrededor, entonces brilla muchísimo, pero sigue siendo elegante y clásico.
Adrián, ¿cómo fue la reacción de Verónica?
Se quedó muda. Yo sabía que tenía que ser muy ella, elegante, pero con personalidad y que se notara.
¿En serio te quedaste muda?
Fue horrible y precioso al mismo tiempo. Yo siempre pensé que si algún día me pasaba iba a decir algo súper bonito, iba a reaccionar divina… Lo miraba a él, miraba el anillo, volvía a verlo a él. Me reía, lloraba… creo que tuve como siete emociones en treinta segundos. Y después hubo un momento muy personal en el que pensé en aquella Vero que llegó a México hace tantos años, con una maleta, llena de sueños y sin tener idea de cómo iba a ser su vida. Si alguien le hubiera enseñado esa imagen y le hubiera dicho: “Un día vas a estar aquí, frente a un hombre que te conoce de verdad y que quiere construir su vida contigo”, no sé si lo habría creído.
¿Cómo te pidió matrimonio?
Verónica: Fue precioso y lo más chistoso es que yo no sospeché absolutamente nada. ¡Y mira que yo pregunto todo! Adrián preparó un lugar con una vista espectacular hacia el Bosque y el Castillo de Chapultepec. Había flores blancas, velas, pétalos… Yo entré y pensé: “Qué bonito está todo”. Pero de pronto vi que estaba demasiado bonito y dije: “A ver… aquí está pasando algo”. Y en eso lo veo ponerse de rodillas. Ahí se me olvidó absolutamente todo. Frente a nosotros estaba uno de los lugares más emblemáticos de este país que significa tanto para mí. México me recibió, me vio crecer como mujer, me permitió construir mi carrera y cumplir tantos sueños… y ahora también estaba siendo testigo de uno de los momentos más importantes de mi vida. Pero al final, entre las flores, la vista y todo lo que él había preparado, hubo un segundo en el que dejé de ver todo y solamente lo vi a él de rodillas. Y obviamente dije que sí.
ADRIÁN: Yo quería que fuera algo que realmente la sorprendiera, porque después de tantos años es difícil sorprender a alguien que te conoce tanto. Preparé todo pensando en ella y, cuando vi su cara al entrar, supe que había valido la pena. Creo que lo más bonito fue verla genuinamente feliz. Eso era lo único que me importaba.
¿Cuándo y dónde se van a casar?
VERO: Queremos casarnos este año. Estamos viendo lugares y todavía no tenemos todo cerrado, así que tampoco queremos adelantarnos. Además, ¡algo nos tenemos que guardar! Sí queremos que sea en México y nos gustan muchísimo los lugares con historia, naturaleza, que tengan personalidad. Obviamente quiero que sea preciosa, pero no estoy buscando una boda perfecta. Quiero una boda donde comamos rico, bailemos muchísimo, estén las personas que queremos y realmente la pasemos bien.
¿Qué sienten de este paso que están por dar?
ADRIÁN: Yo siento mucha ilusión, pero sobre todo mucha paz. No estoy dando este paso con alguien que apenas estoy descubriendo. Conozco a Vero desde hace muchísimos años. Sé quién es, sé lo que sueña, sé cómo ama y admiro profundamente a la mujer en la que se ha convertido.
VERO: Para mí también la palabra es paz. Cuando era más chica pensaba que el gran amor tenía que sentirse como mariposas todo el tiempo, como esa intensidad de película donde todo explota. Con los años entendí que existe algo todavía más bonito: sentirte en casa con alguien. Poder llegar, quitarte los tacones, el maquillaje, las defensas, todo… y saber que esa persona conoce quién eres cuando nadie está mirando y aun así te mira bonito.