Su trayectoria arranca en el desarrollo de proyectos de alto nivel, pero es en la gestión patrimonial donde encuentra su territorio: ese espacio delicado donde los números se cruzan con las herencias emocionales, los secretos familiares y las visiones generacionales que determinan si un legado sobrevive o se fractura.
“Detrás de cada patrimonio hay una historia familiar que aún no ha terminado de contarse. Mi trabajo es escucharla antes de tocar un solo número.”
Pecep Capital: cuando las finanzas tienen consciencia
La firma que co-fundó, Pecep Capital, existe porque Yanery detectó un vacío que el sector financiero prefería ignorar. Las familias de alto patrimonio disponían de gestores expertos en rentabilidad, pero carecían de acompañamiento en lo que realmente determina la continuidad de su riqueza: las decisiones humanas. Las peleas entre herederos. El miedo a hablar de dinero. La confusión entre querer proteger y querer controlar.
Su propuesta más singular es la mediación familiar aplicada al patrimonio: un protocolo que Yanery diseñó combinando economía conductual, psicología del dinero y negociación avanzada, y que convierte la planificación patrimonial en un proceso de cohesión, no de división.
El reconocimiento que cruza fronteras
En 2024, el Harvard Faculty Club la distinguió como Líder Influyente, un reconocimiento que no se otorga a la longevidad sino a la transformación de un sector. En 2025, el Congreso de Colombia le entregó su máximo galardón institucional en Bogotá, convirtiendo a esta dominicana en referencia para toda América Latina en materia de finanzas con impacto social. La Gran Logia de Ciudad de México le concedió el grado de Doctora Honoris Causa, reconociendo el rigor académico y la dimensión ética de su práctica.
Lo que ningún galardón describe, sin embargo, es lo que ocurre en las reuniones donde ella trabaja. La capacidad de leer en una mesa de negociación no solo los intereses económicos, sino el miedo subyacente, el orgullo herido, la lealtad mal expresada. Esa lectura es el verdadero activo de Yanery Villegas, y es, precisamente, lo que hace que sus clientes regresen.
La educadora que desmitifica el tabú
Paralelamente a su práctica institucional, Yanery mantiene una vocación docente que define como irrenunciable. La educación financiera, sostiene, es el único mecanismo capaz de democratizar el acceso a la estabilidad. Con una presencia activa como líder de opinión y empresaria multibrand, conduce proyectos en educación financiera, bienestar mental y negocios con impacto social, convencida de que el conocimiento real, entregado sin condescendencia y con aplicación práctica, transforma comunidades enteras.
En sus conferencias, ya sea en Bruselas o en Bogotá, hay una constante que quien la escucha identifica de inmediato: habla de finanzas como si hablara de salud. Con la misma urgencia. Con la misma intimidad. Con la claridad de alguien que entiende que los años de ansiedad económica de una familia se acumulan en silencio, y que romper ese silencio es el primer paso hacia cualquier estrategia real.
Entre dos continentes, una sola visión
Vivir entre Santo Domingo y Bruselas no es para Yanery una circunstancia logística: es una postura intelectual. La mirada latinoamericana sobre el patrimonio, arraigada en la familia extendida y en el sentido colectivo del legado, se enriquece con la arquitectura regulatoria y fiduciaria europea. Esa tensión creativa entre dos mundos es lo que le permite diseñar estructuras que funcionan tanto para una familia empresaria en Medellín como para un family office en Madrid.
Más de seis años especializados en wealth management y project finance, sobre una base de dos décadas en proyectos de alto nivel, configuran a una profesional que rara vez necesita presentación en los círculos donde opera. Llega con credenciales. Permanece con resultados.
El propósito que Yanery Villegas declara es tan concreto como ambicioso: construir un ecosistema donde finanzas, conducta y estrategia trabajen de forma integrada para proteger legados, sostener familias y activar proyectos con impacto real. Cada estructura fiduciaria que diseña, cada proceso de mediación familiar que acompaña, cada clase magistral que imparte, es un ladrillo de ese ecosistema.
Lo que distingue a Yanery Villegas de otras figuras del mundo financiero es, en el fondo, algo difícil de certificar pero imposible de ignorar cuando se la escucha: la absoluta convicción de que el dinero, bien entendido, es un acto de amor hacia los que vendrán. Y esa convicción, en una industria habituada a operar desde el frío de las cifras, sigue siendo la anomalía más poderosa de todas.